COLUMNA INVITADA

Retro-Utopía y Retro-Populismo

Desear conducir hacia delante viendo por el retrovisor suele causar accidentes

Rodrigo Guerra López / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Conversando hace unos días con Luis Ernesto Derbez, Rector de la Universidad de las Américas, sobre neopopulismos, apareció de repente el concepto de “retro-utopía”: el pasado como utopía de futuro. Roger Bartra ha arriesgado también hace poco un concepto emparentado: “retro-populismo”. 

Cuando el Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) encontró en internet que Bartra lo calificaba con este último neologismo, pidió públicamente una definición, cosa que con gusto me doy a la tarea de ensayar. Tengo la impresión que ambos términos buscan indicar no tanto un aspecto secundario cuanto una propiedad constitutiva de los neopopulistas contemporáneos. En palabras sencillas: desear conducir hacia delante viendo por el retrovisor es causa de un seguro accidente.

Miremos con más detenimiento la cuestión: la pasión por reinventar la historia a modo ha sido una característica de las ideologías que buscan manipular al pueblo y a su sensibilidad profunda. Esta manipulación brota de la astuta identificación del pueblo y su imaginario como sujeto real de los procesos sociales. Sin embargo, el momento en el que este acto de reconocimiento se tuerce, acontece cuando el gobernante neopopulista, en lugar de empatizar con el pueblo, logra transformarlo en objeto de uso y de abuso con fines de poder. 

Una intuición verdadera, “popular” —con toda su nobleza—, se torna en “populismo”, es decir, en el arte de dar “pan y circo”, consuelo evanescente y cortinas de humo, para distraer nuestras conciencias de la cruda realidad. El fenómeno antes descrito se vuelve “retro” cuando la historia nacional reinventada adquiere melancólicos brillos que la hacen presentarse como apetecible para el diseño del futuro deseable. Así las cosas, “retro-populismo” es aquella forma de ejercer el poder en la que un fantástico pseudo-relato del pasado se vuelve ideal regulativo, para afirmar con vigor el rumbo que el pueblo debe seguir (retro-utopía) con el fin de mantener su fiel adhesión afectiva y efectiva hacia el amado líder. 

Fácilmente alguien dirá, con razón, que la definición propuesta requiere de precisiones y matices. Sin embargo, si la utilizamos provisionalmente podremos entender que toca una de las fibras más delicadas de nuestra sociedad. El secreto del neopopulista en buena medida radica en la manipulación artera del imaginario social. Los lenguajes, símbolos y valores del pueblo son reformulados para que adquieran un falso horizonte, prometedor, esperanzante, pero irrealizable. 

El Papa Francisco, en su reciente Encíclica Fratelli tutti, justo aborda este fenómeno: “Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo (…) Pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. (...) Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad.” (FT, n.159). Palabras agudas que dan, una vez más, en el blanco.

POR RODRIGO GUERRA
PROFESOR-INVESTIGADOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL AVANZADA (CISAV)

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