Vivir en la mentira

La verdad es sacrificada una y otra vez para afirmar el poder presidencial. Sin embargo, todo tiene un límite

Vivir en la mentira
Rodrigo Guerra López / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) prometió cumplir y hacer cumplir la Constitución. Sin embargo, este compromiso solemne ha sido traicionado. AMLO busca transgredir la norma constitucional a través de la reforma aprobada en el Senado que permite extender la presidencia del Ministro Arturo Zaldívar en la Suprema Corte de Justicia, hasta finales de 2024. AMLO, nuevamente, nos mintió. Prometió y no cumplió.

El periódico The Washington Post reportó el 24 de enero de 2021 que Donald Trump dijo 30 mil 573 mentiras a lo largo de su mandato. Luis Estrada, Director de SPIN, lleva contabilizadas alrededor de 50 mil “afirmaciones no verdaderas” pronunciadas por AMLO desde que tomó posesión. Estos datos son superiores a los reportados recientemente por “Signos vitales” en su informe sobre la gestión presidencial. Números más o números menos, AMLO, al ritmo que lleva, dentro de poco habrá duplicado la pertinaz capacidad que el expresidente norteamericano tuvo para difundir desinformación, distorsionar la realidad y mentir a un electorado deseoso de encontrar esperanza. Por supuesto, la cuestión central es la verdad. La verdad de los hechos y de los compromisos. La verdad incómoda. La difícil verdad.

Toneladas de maquillaje narrativo han sido puestas y superpuestas cada mañana para ofrecer “otros datos”.

¿Es sólo un esfuerzo de “marketing político” lo que vemos? ¿es acaso una estrategia concebida por Epigmenio Ibarra para cuidar la “imagen” de AMLO? Somos de la opinión que la respuesta a estas preguntas es negativa. AMLO tiene muchos defectos, pero una de sus incontestables virtudes consiste en haber descubierto, tal vez inconscientemente, el poder de la palabra. Repetir desinformación, proclamar verdades a medias (o falsedades completas), construir una narrativa que fluye al margen de la realidad, es el difícil arte de crear mundos alternativos, realidades paralelas, para intentar generar simpatías en nuestro pueblo sencillo y deseoso de creer en el amado líder.

La construcción artificial de una realidad paralela comienza a presentar fisuras. Algunas encuestas ya reportan el posible triunfo opositor en siete de 15 gubernaturas (hace un año, en MORENA, se hablaba de 15 de 15) y la aprobación presidencial está disminuyendo, según el “Poll of Polls” de Oraculus.

Sin duda estamos en una época caracterizada por la “post-verdad” y las “fake news. Mentir, sobresimplificar y distorsionar la realidad se ha vuelto un deporte popular.

Con gran dolor, debemos reconocer que esta cultura de la mentira hoy irrumpe en nuestras vidas con sus peores consecuencias. La verdad ha sido sacrificada como doncella en el altar del poder para afirmar la voluntad presidencial. Pero la verdad, la débil verdad, la frágil verdad, una y otra vez buscará emerger y ser desenterrada. Nada más subversivo y liberador que “vivir en la verdad”, diría Vaclav Havel. Nada más asfixiante y destructivo –aún para el habitante de Palacio– que acostumbrarse a “vivir en la mentira”. Más temprano que tarde esta forma de vida horrorizará, como en la novela de Frankenstein, aún a sus propios creadores.

POR RODRIGO GUERRA
PROFESOR-INVESTIGADOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL AVANZADA (CISAV)

dza


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