MALOS MODOS

Krauze y los otros

Hace semana y media, empezó a circular una de esas exigencias de change.org (una plataforma de enorme valor: en el futuro, podrán usarla los antropólogos para documentar la estupidez de nuestra época) que parecen fake y no, no lo son

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México

Hace semana y media, empezó a circular una de esas exigencias de change.org (una plataforma de enorme valor: en el futuro, podrán usarla los antropólogos para documentar la estupidez de nuestra época) que parecen fake y no, no lo son. La exigencia era que al historiador, el empresario, el ensayista, el biógrafo Enrique Krauze lo investigara la Fiscalía General de la República por ¡traición a la patria! Perdonen los signos de admiración, pero es que, sí, en pleno siglo XXI, a un escritor, Fabrizio Mejía Madrid, le pareció que un artículo publicado por otro escritor, Enrique Krauze, justificaba que a éste se le fuera encima la policía.

La exigencia no llegó, por supuesto, a ninguna parte, pero la anécdota es reveladora. ¿Qué hizo Krauze para merecer semejante amenaza? Lo que hizo fue ser muy Krauze. Su artículo, desde luego, no clama por la entrada de tropas gringas por Veracruz, ni pide al presidente norteamericano que le dé un zape al nuestro, ni anhela un futuro con el morenismo encerrado en Guantánamo.

Con pocas y precisas palabras, Enrique piensa en las complejidades de la relación bilateral, revisa la historia, nos recuerda las aberraciones inherentes a ciertas izquierdas –que no, no son el lado correcto de la historia– y, cómo no, disecciona el régimen que nos gobierna, con su despiadada incompetencia y su creciente autoritarismo, mientras apunta que tal vez, con esa mesura, ese sentido democrático que sí tiene, Biden, a diferencia del animal de Trump –ese campeón del chairismo– podría amortiguar las tendencias autocráticas de nuestro presidente.

No cualquiera escribe un artículo así. Las columnas de Enrique son un destilado de conocimiento de la historia, comprensión de la actualidad y educada firmeza. No es fácil llegar ahí. Necesitas haber hecho tu carrera al lado de Octavio Paz o de Gabriel Zaid, y conocer a fondo a Cosío Villegas y Luis González y González.

Necesitas haber dialogado por años con Vargas Llosa y lo mejor de la disidencia cubana. Necesitas ser el biógrafo del hiperpresidencialismo mexicano y el estudioso de la intelectualidad anterior a, contemporánea de e inmediatamente posterior a la Revolución. También, conocer el populismo latinoamericano; desmenuzar el régimen chavista y el castrismo.

No sobra ser el editor de una editorial como Clío y una revista como Letras Libres, que le abrió las puertas al pensamiento liberal, pero también al que no lo es, como el del propio Fabrizio, y que, en la tradición de Vuelta, su antecesora, fustigó sin tregua al priismo.

Necesitas, pues, estar a años luz de la abajofirmantía de ese change, con su cauda de columnistas y moneros paleros. Esos otros tan pequeñitos, los del comisariado cultural. Ni hablar: esa brecha, esa distancia, es otra de las tantas cosas que no puede resolver la Fiscalía.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
@JULIOPATAN09

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