MALOS MODOS

Gobernar a banderazos

En el país, los números de vacunados por día son ínfimos, las colas y retrasos se multiplican y la cantidad de vacunas recibida es más ínfima

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México

Parecía un déjà vu, pero no. Hace un par de días, el canciller, Marcelo Ebrard, empuñó otra banderita y la hizo ondear frente a los tráileres que salían de Querétaro con dosis de la vacuna de Cansino, la farmacéutica china, envasadas en ese estado. Entiendo que esta administración vive de administrar la precariedad, generalmente autoinducida, y de vender esperanzas.

Pero la costumbre de rendir homenaje con banderitas, integrantes del gabinete y números musicales a las dosis que vienen y van por el país, francamente, empieza a resultar rara.

Digo, no hay una buena razón para tanta ceremonia. No la habría si la vacunación funcionara: no vemos a Biden agitar banderas cada que, digamos, sale un cargamento de 10 mil frasquitos rumbo a un condado de Mississipi.

Y no la hay porque, no lo olvidemos entre tanto banderazo, la vacunación en México es un desastre. O sea, sí, está el buen trabajo del gobierno de la Ciudad de México.

Pero, en el país, los números de vacunados por día son ínfimos, las colas y retrasos se multiplican y la cantidad de vacunas recibida es más ínfima todavía. Claro que no importa, porque, sin justificación posible, hay millones de dosis en bodega, mientras esperamos.

Hugo López-Gatell presumió que el 22 de marzo se aplicaron 118 mil dosis. Xavier Tello nos recordó que para cumplir con la meta de 80 millones de vacunados en mayo habría que aplicar un millón de dosis al día. Vamos a pasar décadas agitando banderitas, al parecer. Cosa que de todas maneras es la pauta en esta administración, la administración de los banderazos.

Día sí y día también, el presidente se lanza a inaugurar que cien metros de vía del Tren Maya, que 400 metros de un camino hecho a mano (y en friega porque si llueve se rompe), que una pista aplanada en Santa Lucía que milagrosamente alcanza el estatus de aeropuerto, que la graduación de X número de cadetes, que las fiestas por el Día de la Bandera, que las del aniversario de la expropiación, que los galerones de una “universidad” que, dije antes aquí, más bien parecen a punto de ser derribados para iniciar una obra en serio.

 No es que la costumbre del banderazo sea exclusiva de la 4T. Pero en esta administración esa costumbre amenaza con alcanzar un paroxismo: se gobierna, de plano, a banderazos. Preocupa.

Y es que, para volver a las vacunas, uno se pregunta, con la tendencia de este gobierno a provocar escaseces, si se molestaron en comprar ya no dosis suficientes, que sabemos que no, sino lo que hace falta para aplicarlas: que el alcoholito, que el algodón, que la curita. No sea que acabemos con una nota del tipo:

“Con la música del Coro de los Servidores de la Nación, el pleno del gabinete dio el banderazo de salida a las cinco mil jeringas donadas por Vietnam para aplicar el biológico ruso en la Ixtapaluca”.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
@JULIOPATAN09

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