ANECDOTARIO

“Renuncio al estrellato”

Alguien que ejerce una profesión pública tiene tanto derecho a mantener su vida personal en privado como cualquier otra persona.

OPINIÓN

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Atala Sarmiento/ Anecdotario / Opinión El Heraldo de México

En las últimas semanas la tenista Naomi Osaka ocupó la portada de la prestigiada revista Time y fue reconocida con el premio ESPY a la mejor deportista del año.

Todo esto después de la controversia que ocasionó el abandono de su participación en el Grand Slam francés por negarse a una reunión con la prensa argumentando una necesidad de cuidar su salud mental por la presión que siente en sus encuentros mediáticos.

El revuelo por esta decisión alcanzó a figuras como Boris Becker quien la pulverizó a través de críticas públicas.

Pero quienes son cercanos a la deportista saben de su profunda timidez y la ansiedad que le producen las reuniones masivas con los medios de comunicación.

Osaka cuestiona, a través de un artículo escrito por ella misma, que a los deportistas no se les conceda el derecho de tomarse un descanso mental sin pasar por el escrutinio público, o ser objeto de sanciones, tal y como se hace en cualquier otra profesión que no esté a la vista de todo el mundo. Incluso reconoce su carácter introvertido y admite que está bien no estar bien.

Hace unos días el diario español El País publicaba una entrevista con el actor Kevin Bacon. Sus revelaciones fueron alucinantes. La estrella de Foot Loose aceptaba en ella que al principio de su carrera soñaba en convertirse en una estrella; pero en el momento en que empezó a vivir las consecuencias por serlo, sintió una ansiedad insoportable. Narraba incluso que llegó a pagar a los DJ de bares y restaurantes para que no tocaran el tema de la película cuando él estaba presente.

Paralelamente renunció a una vida en Los Angeles por el sofoco que le producía pertenecer al mundillo de Hollywood y se mudó a Nueva York en donde siente que puede tener una vida un poco más reservada y desde donde ha rechazado con desenfado infinidad de proyectos. Digamos que se ha inclinado más por el prestigio que por la fama.

La oportunidad o el peso de la fama depende de muchos factores en donde están involucradas características de la personalidad como la introversión o la extroversión, el atrevimiento o la timidez, la dureza o la sensibilidad, por eso no todos la viven de la misma manera. Puede que alguien no soporte vivir en público o que la presión que siente por ejercer su disciplina lo exceda, o que empiece a sentir pánico escénico, fobia social, intolerancia al estrés o un padecimiento más severo como depresión o psicosis.

Retirarse a tiempo para evitarlos es válido, sobre todo cuando la fama hace que, encima, todo el mundo  se entere del proceso por el que están atravesando.

En vez de crucificarla como insufrible, ¿Por qué no enaltecer a Naomi por valiente?

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI

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