Sanjuana y la obcecación presidencial

Su figura se ha convertido en un lastre para la 4T porque le hace daño al gobierno y al propio Presidente. El orgullo es el peor consejero de un gobernante

Sanjuana y la obcecación presidencial
Hernán Gómez Bruera / Fuera de Tono / Opinión El Heraldo de México

López Obrador ha demostrado ser renuente a despedir a cualquier colaborador. Sean cuales sean las razones en su contra, por legítimas que sean, el Presidente los mantiene aunque sea en el frigorífico.

Cuando al reclamo en contra de algún funcionario se suma la presión social o política, la cosa se torna intransitable.

Con tal de no mostrar la más mínima señal de debilidad (o lo que él piensa que puede interpretarse como tal), AMLO prefiere montarse en su macho y no ceder ni un milímetro. Es la virtud de la tenacidad convertida en el vicio de la obstinación.

Desde el ángulo que se lo mire, la presencia de Sanjuana Martínez al frente de Notimex es insostenible.

Su figura se ha convertido en un lastre para la 4T porque le hace daño al gobierno y al propio Presidente.

AMLO podría aprender de sus errores y rectificar. Darse cuenta que, aunque Sanjuana sea una buena periodista y haya hecho grandes investigaciones, sus habilidades Interpersonales, su capacidad para fungir como administradora de una agencia de

noticias y ocuparse de sus relaciones laborales, son nulas.

El Presidente podría también reflexionar que no basta con que Sanjuana sea una mujer de izquierda. Que su compromiso ideológico no la hace respetuosa de los derechos laborales, porque bajo su mando estos se han violado sistemáticamente, al hostigar a los empleados, al someterlos a presiones indebidas, al no respetar el derecho de huelga. 

Podría también ponderar que los principales periodistas que han dado a conocer sus faltas —Álvaro Delgado y Carmen Aristegui— no son comunicadores de la derecha que estén buscando dañar al gobierno de López Obrador. Han presentado evidencias rigurosas que son las citadas en el polémico informe del Departamento de Estado la semana pasada.

El orgullo es el peor consejero de un gobernante. Sin la capacidad de reconocer

que uno se ha equivocado —como evidentemente lo hizo al nombrar a Sanjuana— y sin la posibilidad de enmendar los daños, los problemas solo se hacen más grandes y las crisis se potencian. Cuando la salida más sencilla de este caso es por la puerta —por la que debe marcharse Sanjuana Martínez para volver a su trabajo periodístico— el Presidente prefiere pelearse con Artículo 19, abrir un frente de conflicto con el Departamento de Estado, con el gobierno de Biden, con las organizaciones civiles y con los periodistas que han sido agredidos desde los bots de Notimex.

Por lo visto, prefiere incluso mantener una fuente de división al interior de la propia 4T entre quienes protegen a Sanjuana y quienes prefieren su salida y son atacados por ello, como ocurrió con Luisa María Alcalde.

¿Realmente hay necesidad de todo esto o existe una manera más sencilla de solucionarlo?

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM
@HERNANGOMEZB

avh 


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