A matar

Nos encontramos de nuevo en el México del PRI, con otro PRI. Por eso la elección de junio es una elección a matar

A matar
Ezra Shabot / Línea Directa / Opinión El Heraldo de México

Los procesos electorales en una democracia parten de dos principios fundamentales. Uno, la legítima presencia de todos los actores participantes en la contienda y dos, los ganadores tienen límites para llevar a cabo su proyecto político, de la misma forma que los perdedores mantienen la posibilidad de seguir insistiendo en sus propuestas. Nadie gana todo, ni nadie pierde todo.

Pero cuando estos supuestos desaparecen y una de las partes desconoce a la otra, y además pretende eliminarla por completo de la disputa por el poder, entonces dejamos de hablar de democracia para enfilarnos a una guerra donde no hay compromisos posibles, ni forma de construir un diálogo entre las partes.

Es esto lo que se ha construido en México en los últimos dos años. La democracia impulsada por millones de ciudadanos que lucharon por terminar con el presidencialismo absoluto del régimen priista es ahora desechada por López Obrador y Morena, al considerarla como una versión corrupta y falsa de la verdadera democracia. Regresar a los años 60 implica borrar los últimos 25 años de apertura para reconstruir el régimen priista en su modalidad morenista.

Democracia de una sola opción, de un mismo pensamiento, de repudio a lo que no se disciplina a la voluntad del nuevo caudillo. De ahí el rechazo al INE y sus medidas para evitar la creación de falsas mayorías en las elecciones de junio. Estamos de vuelta en el discurso del nacionalismo revolucionario que no admitía “ideas exóticas y extranjerizantes”, que definía a los panistas como los “reaccionarios místicos del voto”. Nos encontramos de nuevo en el México del PRI, con otro PRI.

Por eso la elección de junio es una elección a matar. Morena y sus aliados dispuestos a hacer desaparecer a una oposición que es considerada “traidora a la patria”, y PRI-PAN-PRD en la esquina contraria en un esfuerzo desorganizado por intentar contener a un aparato de Estado que amenaza con revivir la aplanadora electoral del priismo de antaño.

Hoy, ninguno de los dos bloques ve al otro como un poder legitimo, Unos son traidores, los otros autoritarios. Regresamos en la máquina del tiempo medio siglo hasta un punto de no retorno donde el choque de opciones políticas y económicas amenazan con lanzar al país a un tobogán sin contención alguna.

La confrontación permanente en este clima de guerra no puede concluir con el triunfo de unos y la derrota de otros. Los costos  de un cambio de régimen en el sentido anunciado por el gobierno federal serán inmensos y su instrumentación chocará con realidades difíciles de ignorar. En este proceso el país terminará en el precipicio.

POR EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

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