Partido de Estado

La alianza PRI-PAN-PRD obedece principalmente a un tema de supervivencia

Partido de Estado
Ezra Shabot / Línea Directa / Opinión El Heraldo de México

La transición democrática mexicana suponía la necesaria disolución del PRI como partido de Estado y su conversión en un partido competitivo en igualdad de condiciones junto a los demás. Pero eso no sucedió. El Revolucionario Institucional coexistió con la alternancia panista manteniendo intacta su estructura corporativa a pesar de carecer del liderazgo presidencial.

Los gobernadores fueron lo suficientemente poderosos para remodelar el partido al encontrar en la figura de Peña Nieto al hombre idóneo, y así recuperar el poder ejecutivo. Los éxitos obtenidos en la negociación de las reformas estructurales derivados del Pacto por México, se desvanecieron ante la soberbia de una clase política dominada por una corrupción insaciable y un alejamiento constante de los sectores sociales tradicionalmente leales al priismo.

El triunfo de López Obrador y Morena producto, entre otras cosas, de los excesos y descuidos de los tricolores, abrió la puerta para la llamada Cuarta Transformación que algunos quisieron ver como una visión romántica y pura del crecimiento económico con justicia social que el neoliberalismo había desechado. Pero el planteamiento hecho por AMLO nunca fue ese. No se trataba de un vuelco a la izquierda para redistribuir el ingreso y superar la pobreza, sino el de reconstruir el viejo régimen del partido de Estado y el presidencialismo absoluto.

La disolución del PRI se produjo precisamente a raíz del ascenso de un líder carismático apoyado por las bases sociales perdidas por los priistas en beneficio de la nueva estructura de poder denominada Morena. Al igual que los tricolores en sus inicios, Morena depende en su totalidad de la voluntad del caudillo quien es el que dirime finalmente todas las disputas internas.

La designación de Félix Salgado Macedonio como candidato a la gubernatura de Guerrero responde a esta dinámica partidaria donde la oposición interna desaparece ante la voluntad del líder, de la misma forma que Calles dominó al PNR, predecesor del PRI, y ejemplo de lo que en su tiempo fue un partido de caudillos.

Es por ello que la alianza PRI-PAN-PRD obedece principalmente a un tema de supervivencia de estos partidos, pero también de la propia democracia mexicana que podría desaparecer de hecho en las elecciones de junio.

Si Morena y sus aliados obtienen una victoria que les permita conseguir una amplia mayoría en la Cámara de Diputados, además de ganar numerosas gubernaturas, estaremos enfilados hacia la consolidación de un nuevo sistema político de partido de Estado alejado de todo aquello vinculado a las instituciones democráticas creadas en los últimos 25 años. Esto es lo que está en juego.

POR EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

avh 


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