Nueva década

La ciencia se ha puesto por delante de los políticos y ha demostrado que su capacidad de organización supera barreras y fronteras

Nueva década
Javier Garcia Bejos / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Entramos de lleno a la tercera década del milenio en medio de una turbulenta pandemia que ha dejado muertos, enfermos, desempleo y pobreza en el mundo. No obstante, la vacuna que ha sido desarrollada en tiempo récord abre el paso a una gran luz de esperanza al ansiado proceso de recuperación económica y social. 

La ciencia se ha puesto por delante de los políticos y ha demostrado que su capacidad de organización supera barreras y fronteras. Ahora todo descansa en el reto logístico que conlleva vacunar a miles de millones de personas en el mundo y, con ello, controlar la pandemia. En medio de esa coyuntura arranca una década que estará marcada por la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. 

Dicha agenda se propone una serie de objetivos comunes, desde la sustentabilidad ambiental hasta la lucha contra el hambre y la pobreza. El rumbo hacia 2030 tendría que ver con consolidar el crecimiento y desarrollo del mundo, encontrando mejores soluciones a problemas que se han vuelto más evidentes a partir de la crisis generada por el COVID-19: la pobreza y la desigualdad están presente en nuestras sociedades de manera más dramática de la que suponemos.  

Por ejemplo, en México la tasa de mortalidad por COVID-19 se relaciona con el nivel de educación. Es decir, la pobreza genera un componente de mayor vulnerabilidad y, por ende, ha desnudado las carencias y necesidades que tiene la salud pública en las sociedades modernas. Lo que ha revelado esta crisis es que la salud pública y la capacidad del Estado para proporcionar seguridad social a sus ciudadanos no son costos sino bienes que deben adquirirse de manera común, inversiones que deben expandirse, políticas públicas que deben apartarse de cualquier criterio de mercado y construirse a partir de la importancia que tiene la salud como un bien universal. 

La década empieza con la tarea de revisar la efectividad de la democracia liberal, atajar las tentaciones el populismo y rediseñar la salida a esta crisis a partir de la capacidad de los gobiernos por convertir las crisis y quiebras en estabilidad y certidumbre que genere inversiones y empleos. La recuperación se ve cercana, pero debe enforcarse en el bienestar del ciudadano y en la capacidad de las empresas para generar valor en la economía, redimensionando lo global para superar nacionalismos y abrazar condiciones comunes, para que los retos compartidos puedan ser abordados con mayor éxito.  

La década que inicia puede ser un parteaguas que se asemeje a los acuerdos que el mundo construyó después de la II Guerra Mundial. Este punto de quiebre es mucho más complejo y ambicioso que el romanticismo de la Agenda 2030; el rumbo de la humanidad depende de la capacidad de construcción de una ruta de salida que pondrá a prueba a los gobiernos en la gran cruzada por la salud colectiva y que implicará aplicar millones de vacunas en poco tiempo.  

En ese sentido, se debe reconocer que se acabaron los tiempos de la economía sustentada en equilibrios libres de deuda y de participación del gasto público; la política fiscal y monetaria deben alinearse para generar nuevas dinámicas de crecimiento en medio de la incertidumbre. Es decir, en esta década, el éxito que podamos tener proviene de conceptualizar diferente, compartir riesgos y compartir beneficios.  

El camino de salida no admite titubeos, ni cerrazones, el camino de este decenio es esencialmente colaborativo, en todos los aspectos, y por eso la solidaridad colectiva será pues, la herramienta que nos permita construir mejores escenarios en estos difíciles tiempos. Pensar y actuar colectivamente es el juego que debemos seguir en los siguientes años. 

 

POR JAVIER GARCÍA BEJOS
@JGARCIABEJOS 


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