México enfermo de incertidumbre

Se descuida el ánimo de las personas que ven cada vez más cerca a los que enferman o mueren

México enfermo de incertidumbre
Arturo Sanchez Gutierrez./ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

El COVID-19 ha creado un nuevo estado de ánimo en el mundo que tiene que ver con la incertidumbre. Ha pasado más de un año de la aparición del virus y son más las dudas que las certezas. En México lo único cierto es que han muerto muchas más de 150,000 personas, si tomamos los datos del INEGI. No saber genera inquietud, temor, desánimo, porque está en riesgo nuestra salud y seguridad.

A la crisis sanitaria se suma la enfermedad de la incertidumbre, una de las peores consejeras en tiempo de emergencia. No se trata de un fenómeno propio de nuestra sociedad, pero cada gobierno puede hacer mucho en contra de la creciente falta de certeza. Hoy las dudas se incrementan día tras día por la difusión de pronósticos que no se cumplen, la propagación de medias verdades y por la persistencia en el discurso del “vamos bien”, ante lo evidente. Sin conocimiento preciso es fácil tomar decisiones apresuradas y equivocadas. 

Los datos son evidentes: en la Ciudad de México es difícil encontrar un hospital con camas suficientes, pero se niega la gravedad del problema; la esperanza de la vacuna se desvanece cuando, por la razón que sea, no llegan los embarques prometidos y se negocia a toda prisa la adquisición de la solución rusa, que solo los aliados de ese país han aprobado; sin la certeza de disponer de vacunas se hizo un plan de vacunación, reiterado varias veces por el Presidente, con fechas comprometidas y grupos organizados por edades (a mi me toca a más tardar a finales de marzo, en 62 días). Cuesta trabajo creer, pues aún si ya estuvieran aquí las vacunas, habría que aplicar más o menos 190,000 dosis diarias para llegar a la meta, tan solo para la primera dosis.

El hecho es que una comunicación que no genera certeza solo provoca más dudas. Es peor aún cuando los voceros se multiplican y el responsable de conducir la estrategia niega la posibilidad de que los privados y los estados adquieran vacunas, y al día siguiente el Presidente mismo lo desmiente en su mañanera. Eso solo fortalece el ambiente de incertidumbre, pues genera la precepción de desorganización e improvisación. Con ello se descuida el ánimo de las personas que ven cada vez más cerca a los que enferman y/o mueren, cada uno en circunstancias diversas, hospitalizadas o no y contagiadas a pesar de los supuestos cuidados.

Por si fuera poco, falta de una perspectiva de futuro sobre lo que puede pasar con la efectividad de las vacunas. 
No se trata solo de conocer la verdad de los hechos, el éxito consiste en construir, con la verdad, la percepción correcta de la política que está aplicando este gobierno, aunque sus resultados tarden más de lo esperado. Las personas se cuidarían más si conocieran los hechos con certeza en lugar del ramplón “vamos bien” presidencial. Sin la vacuna de la certeza, al COVID-19 se suma la enfermedad de la incertidumbre, mala consejera, política y anímica.

POR ARTURO SÁNCHEZ GUTIÉRREZ
PROFESOR INVESTIGADOR, ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY
@ARTUROSANCHEZG


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