COLUMNA INVITADA

En el poder

En la realidad política “no debes dar órdenes que no puedan ser cumplidas”, claro, para los poderes constituidos y sus agentes, es fundamental

Enrique Quiroz Acosta/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Muchos en el mundo occidental tuvimos acceso a obras que sin saberlo inmediatamente, generaron conciencia e impactaron nuestra vida. Es el caso de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944). Existen conceptos que, aunque parezcan lugares comunes, debemos asumir y hacerlos parte de nuestra conducta. En materia de las personas, las acciones y las normas públicas, el tema es muy interesante y trascendente.

En la realidad política “no debes dar órdenes que no puedan ser cumplidas”, claro, para los poderes constituidos y sus agentes, es fundamental. Pero a veces, los grandes ideales y las pasiones personales o de grupo e, incluso, buscar el mensaje al público, hacen que algunos actores emitan actos que lejos de generar bienestar y ubicuidad para la sociedad y el interés legítimos, así como la concordia, distorsionan los objetivos y los propios fines. Pero, además, tener poder es de lo más complejo e implica elevada responsabilidad. El ser humano es falible, y si algo tenemos muy claro, es que nada ni nadie es perfecto. La máxima es muy clara, si quieres conocer a alguien, conócelo con poder. Claro, aquí se revelan los deseos más elevados, nobles y laudables y, cuidado, cuando es el caso, los apetitos más elementales. Todo ello, se nos debe enseñar desde la infancia para generar normas y formar personas de bien para el servicio público y, en general, para el ejercicio del poder. Recordemos nuestras lecciones primarias que también son formativas. Infancia es destino.

Hoy que el mundo se transforma y que está tan cuestionado el concepto de autoridad y todo aquello que implica el poder, particularmente el poder político, debemos enfocar nuestra formación básica en aspectos fundamentales del ejercicio del poder desde nuestras primeras lecciones de ética y civismo. Todo poder implica responsabilidad. Retos clásicos, necesidades de ahora y siempre.

A veces se nos puede olvidar o pasar por alto lo obvio, y por ello vale la pena reiterarlo. Y se debe enfatizar porque no nos referimos nada más a la política y al Estado. En toda relación social debemos tener claro que el ejercicio del poder es tal que para conocer al ser humano debe observarse justamente cuando cuenta con poder, desde la familia, la escuela, el club social, en la pareja, en el poder público, económico, en fin. 

Tal vez la humildad es virtud que se pone, realmente, a prueba, cuando, precisamente, se requiere, pero no se exige.

La propia existencia del Estado de Derecho es un dique contra el abuso del poder. Por ello, la autoridad está obligada a respetar la esfera de cada ser humano y acotar su actuación a aquello para lo que está expresamente facultado. Más allá es arbitrariedad. Lo podemos y debemos asimilar desde El Principito.

 

POR ENRIQUE QUIROZ ACOSTA 
ABOGADO Y COLABORADOR