SEQUÍA

Este 2021, México podría padecer la peor sequía en 30 años

Según la NASA, hay sequía en tres cuartas partes del territorio nacional, y este año México podría padecer la peor falta de agua en 30 años

Debemos enfocarnos en el Programa Nacional Hídrico, el cual será nuestro frente para combatir la sequía. Foto: Especial
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De acuerdo con el Observatorio de la NASA, con datos al 30 de abril, México experimenta una sequía de amplio alcance, ya que el mapa muestra que en tres cuartas partes de las zonas afectadas hay estrés por falta de agua.

El porcentaje de área con sequía de moderada a excepcional a nivel nacional fue de 75% del territorio nacional al 30 de abril pasado. Este 2021 podría ser la peor sequía en 30 años para México. Este fenómeno afecta a 27 estados del país en algún grado de intensidad y, aun con una próxima temporada de lluvias abundante, después de meses de sequía será imposible recuperar cultivos y acuíferos. Sin lugar a duda, estamos en la antesala de una severa crisis.

El 2011 fue el año más seco para México en siete décadas, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Hoy, al igual que entonces, se tienen condiciones de La Niña en invierno y primavera, un fenómeno en el que el agua fría poco común en el océano Pacífico dificulta la formación de nubes y causa menos precipitaciones en México y el sur de Estados Unidos. En conjunto con lluvias por debajo de su valor promedio, esto ha provocado pérdidas particularmente severas para los más marginados y para el sector agropecuario.

De 2009 a 2013, la FAO calculó en 17,940 millones de pesos las pérdidas económicas en el agro por sequías en México, junto con inundaciones sumaron el equivalente al 42% del presupuesto para el campo en 2016.  En 2011 los productores habrían perdido el 80% de la producción de frijol, el 50% de la producción del maíz y del trigo debido a la sequía, según la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productos del Campo (ANEC). El panorama este año pudiera ser similar y lo triste es que son patrones recurrentes y costos para el país. La palabra resiliencia se ha puesto un tanto de moda, pero es ineludible en este contexto.  ¿Dónde están las áreas de oportunidad? A nivel global, cada 20 años el consumo mundial de agua se duplica, con el uso agrícola como el más relevante, 72% del total. En México no es muy distinto (76%).

Un llamado a combatir la sequía: El Programa Nacional Hídrico

El Programa Nacional Hídrico señala que, al igual que el uso urbano, este sector tiene pérdidas o desperdicios por la mitad del agua extraída, lo que representa un área de oportunidad evidente.  Alimentar a una población eminentemente urbana requerirá no solo incrementar la producción de alimentos en un 70% sino un 55% más de extracción hídrica en México hacia 2050 y evitar las sequías.

La tecnificación del riego será crucial. Solo 20% de las fincas tienen riego, pero generan más de la mitad de la producción agrícola nacional.

Existen además un sinfín de innovaciones disponibles, rentables y sostenibles para el uso inteligente del agua y el freno a la sequía como son los sistemas de cosecha de lluvia, semillas resistentes a la sequía, intensificación productiva climáticamente inteligente como la ganadería regenerativa, por mencionar algunos.

El gran llamado es incluir a la mayoría de pequeños productores. Existen ya empresas, comercializadores, procesadores y consumidores en México y el mundo respondiendo. Hay individuos que piensan en el origen de lo que comen, visten, producen y venden. Y esto puede ser compatible con la lógica económica y bienestar social.

Además de un cambio de paradigma, una reflexión relevante: ¿de dónde viene el agua que consumimos?

Recordemos las clases básicas de ciencias naturales. El agua almacenada en las nubes se condensa y precipita, escurre y se infiltra en el suelo o se almacena en lagos, ríos, océanos y acuíferos.

Sin bosques, vegetación y suelos sanos esto no sucede. La sequía parece recordarnos que el agua no solo es cuestión de sobrevivencia sino del tipo de desarrollo que individual y colectivamente queremos.

Por María Elena Martínez Murillo C., Consultora en desarrollo sostenible, Strategink. Twitter @mariaemmc