MALOS MODOS

La austeridad más cara del mundo

Son ideas de financiamiento que, estoy seguro, podrán ayudarlo a terminar el sexenio con un dinerito

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

Kermeses con besos a cien pesitos de, digamos, Mario Delgado o Noroña. Más rifas, ya que la del avión parece que nomás no jala, con “experiencias” tipo ir a un restaurante con tu ídolo, uno de esos monumentos a la simpatía tan 4T.

“Ten una cena inolvidable con Jorge Alcocer”, por ejemplo, o, si te gustan las experiencias extremas, “con Pablo Gómez”.

O “con Epigmenio Ibarra”, si eres de los que prefieren escuchar que hablar.

Cobrar por los conciertos del Zócalo y no pagarle un peso a los artistas, sobre la amenaza de expropiarles la casa o decirle a Gertz que el vocalista ha estado hablando mal de él.

Meter los chocolates Rocío a las canastas de fin de año y donar el 0.01% de las ganancias a la causa.

Cobrarle a los de la Ivermectina una comisión por la publicidad gratuita y amenazar a la farmacéutica con nacionalizarla si no paga. “Soberanía medicinal”, ya saben.

Meter las casas del licenciado Bartlett y la pareja de fuego, Irma Eréndira y Ackerman, a Airbnb, e irse a porcentajes con ellos: 90-10 en favor del licenciado, por patriota, y 10-90 en favor del gobierno federal en el caso de la pareja, para que no anden calumniando al compañero Macedonio.

Mejor aun: incautarse de toda la propiedad privada chilanga (menos la del licenciado Bartlett, obviamente), so pretexto de la mafia inmobiliaria, y crear una especie de Airbnb del Bienestar, administrado por el ejército.

Obligar a los restauranteros yucatecos a patrocinar un nuevo récord Guinness: los huevos motuleños más grandes del mundo, y cobrar a 50 pesos la orden (con la promesa de que no vamos a tener que ver a Martí Batres comiendo, porfa).

Las anteriores, Presidente, son ideas de financiamiento que, estoy seguro, podrán ayudarlo a terminar el sexenio con un dinerito. Porque tenemos, como sabe, dos o tres problemitas.

El primero es que las tamaladas de 50 millones, la verdad, no podrán repetirse con mucha frecuencia, ni aunque los tamales estén envueltos en hojas que digan, sutilmente, “Con los atentos saludos del SAT”. El segundo es que la inversión y por lo tanto el empleo andan muy alicaídos, y a lo mejor no me lo cree, pero cuando no hay gente trabajando, no hay recaudación.

Sobre todo, tenemos el problema de que ya se acabó la lana, Presidente. Su sexenio ya se despachó los enormes ahorros que dejó el neoliberalismo corrupto, un par de préstamos de los que no iba a haber y los fideicomisos. Por ejemplo.

En fin, que tenemos la austeridad más cara del mundo, y todavía hay que conseguir que el Benito Juárez, sin un peso porque estamos pagando el aeropuerto que sí iba a tener aviones, no cierre porque se nos perdió un 747 en un socavón o se desató una epidemia de disentería en algún baño.

Cuente con nosotros, presidente: nuestra imaginación es suya. La Cuarta va.

Sufragio efectivo, sí reelección.

POR JULIO PATÁN
COLUMNISTA
@JULIOPATAN09

CAR

 

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