CASCABEL AL GATO

La política económica de la transformación (primera parte)

Si la economía tiene que ver con la forma en la que se distribuye y se organiza el trabajo en una sociedad, es indispensable examinar por dónde transita el trabajo actualmente. Un examen rápido nos revelará un hecho fundamental: la economía nacional se encuentra poco articulada

OPINIÓN

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Adrián Velázquez Ramírez / Cascabel al Gato / Opinión El Heraldo de México

El neoliberalismo atraviesa una notoria crisis de legitimidad a nivel global. No hay que olvidar que hablamos de un modelo de sociedad que en los noventas se asumió como patrón y medida del progreso. Ciertos valores y formas de producción se presentaron como precondición de la propia democracia. Hoy esa hegemonía ha quedado atrás. El escenario es otro y con ello cambiaron las preguntas que nos hacemos.

La cuestión central de nuestro presente no es ya la crítica al neoliberalismo sino la búsqueda de alternativas factibles y realizables prácticamente. El tiempo de la crisis es entonces ese interregno que se abre entre “lo nuevo que no termina de nacer y lo viejo que no termina de morir”. Más tarde o más temprano, todos los gobiernos progresistas latinoamericanos se han enfrentado a esta problemática.

Dentro de este contexto regional, el gobierno de López Obrador ha optado por una determinada estrategia: conservar la estructura económica del viejo régimen y usar esa estabilidad para realizar políticas redistributivas, ampliar derechos y reconstruir el Estado de bienestar. Luego de décadas de neoliberalismo tal vez fue lo más sensato: hacer la revolución política y la económica al mismo tiempo abría riesgos que atentaban contra la sustentabilidad del proyecto.

Más allá de la valoración sobre esta estrategia, es evidente que no se puede concebir una profundización de la transformación si no se tiene una política económica propia. ¿Dónde buscar sus bases? La respuesta debe partir de la particular “constitución social” de México.

Si la economía tiene que ver con la forma en la que se distribuye y se organiza el trabajo en una sociedad, es indispensable examinar por dónde transita el trabajo actualmente. Un examen rápido nos revelará un hecho fundamental: la economía nacional se encuentra poco articulada.

Con un amplio sector de la población en la llamada “economía informal”, con circuitos locales de autoconsumo, con la cuestión indígena irresuelta, pero con otros sectores plenamente integrados en el comercio internacional y una clase media innovando en servicios, actualmente el mapa de la economía mexicana se parece más a un collage que a un sistema mínimamente organizado. 

Esta fragmentación es consecuencia directa de la fe metafísica en la mano invisible del mercado. Una política económica diferente debería tener como primer objetivo la integración de todas estas formas de trabajo. Contra el caos neoliberal: la organización nacional.

Ante esta problemática, la idea de una “economía mixta” vuelve a aparecer como una orientación posible. Si la constitución social de México nos presenta un pluralismo económico, lejos de intentar forzar su uniformidad, se debe plantear el problema de su articulación. Nuestra propia historia jurídica nos marca la disponibilidad de formas de propiedad (pública, privada y social) que pueden dar lugar a diferentes circuitos de trabajo.

Una cosa es cierta: con la redistribución no alcanza. El futuro llegará cuando desarrollemos formas de producción más justas.

POR ADRIÁN VELÁZQUEZ RAMÍREZ
@ADRIANVR7

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