COLUMNA INVITADA

Contrastes tributarios y contracción en el PIB: Lo que la pandemia le dejó a México

El país logró en 2020, aumentar sus ingresos a 17.9 por ciento del PIB. Pese a ello, es la sexta economía que menos recauda en la región, sólo por debajo de Guatemala, República Dominicana, Paraguay, Panamá, Perú

OPINIÓN

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Luis Miguel Martínez Anzures / Colaborador / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

Dice un viejo adagio en el imaginario colectivo nacional que en ocasiones los tiempos de crisis también son tiempos de grandes oportunidades, sobre todo, para aquellos que saben interpretarlas y traducirlas en fortalezas a su favor. En este sentido, de acuerdo con la publicación conjunta titulada: “Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe”, elaborada por el Centro de Política y Administración Tributaria y el Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT), México fue el segundo país de América Latina y el Caribe, donde se logró aumentar la recaudación en el primer año de la pandemia, como resultado de las medidas en contra de la evasión y elusión fiscal, pero también, porque el producto interno bruto (PIB) se contrajo.

De acuerdo con esta fuente de información, el país logró en 2020, aumentar sus ingresos a 17.9 por ciento del PIB. Pese a ello, es la sexta economía que menos recauda en la región, sólo por debajo de Guatemala, República Dominicana, Paraguay, Panamá, Perú.

“Solo en cuatro países de América Latina y el Caribe (Argentina, México, Nicaragua y Uruguay), aumentaron los ingresos tributarios nominales entre 2019 y 2020 y, en tres de ellos, también aumentó el PIB nominal”.

México es la excepción. Ya que, si bien avanzaron los ingresos tributarios en términos nominales, también hubo una caída del PIB, que llevó a un crecimiento de la recaudación de 1.6 puntos porcentuales, la segunda mayor sólo detrás de Antigua y Barbuda, donde el avance fue de 1.7 por ciento.

El documento en comento refiere de la siguiente manera lo sucedido, “(El Servicio de Administración Tributaria), adoptó varias medidas que incluían inspecciones tributarias centradas en la evasión y la elusión, lo que contribuyó a aumentar en 1.6 puntos porcentuales la recaudación tributaria como proporción del PIB en 2020, con respecto a 2019”.

En suma, esta estrategia interactúa con tasas de evasión de impuestos que alcanzan el 18.7 por ciento en personas físicas, sobre todo, entre trabajadores independientes, y un 19.9 por ciento en empresas y sociedades. Lo cuál es información sumamente valiosa para el mapeo y la mejora de procesos de cobro por parte de esta institución, la cuál debería evolucionar en un incremento sostenido para los siguientes años y reducir estos indicadores en favor de los ingresos que recaude el Estado.

Es importante destacar también que, hasta ahora, los cobros, así como la política de cero condonaciones de impuestos a los grandes contribuyentes, deben de seguir con la misma visión, ya que logra establecer un precedente positivo de cero impunidad y respeto al marco normativo tributario nacional.

Por otra parte, el informe también exhibe que en el primer año de la pandemia cayeron los ingresos derivados de los hidrocarburos y la minería en México, 0.9 por ciento, lo que fue compensado con otras fuentes que aumentaron 2.2 por ciento, para un total de 1.3 por ciento. Esto diversifica el número de entradas de circulante en la economía nacional lo que podrían traducirse en mejores horizontes para la en el mediano plazo. En resumen, México debería aspirar a incrementar su base tributaria formal en los siguientes años a la par que sus ingresos petroleros empiecen a crecer como ya reportan los primeros informes de Pemex, en este año, todo aunado a una férrea administración de los recursos públicos por parte del Estado y una política de no contratación de deuda para temas prioritarios. Esto daría mayor certeza a los inversionistas.

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES
PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

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