LA ENCERRONA

La semilla del odio

El principal peligro de Donald Trump era (y sigue siendo) sembrar la semilla del odio y la discordia

OPINIÓN

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Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

"Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión", Nelson Mandela.

Desde la campaña presidencial del año 2016, en Estados Unidos se avizoraba un cambio de rumbo en la manera de hacer política, un uso desmedido de fake news y un exacerbado discurso de odio por parte del contendiente y a la postre presidente, el magnate neoyorquino Donald Trump. Ya instalado en la Casa Blanca, aquellas predicciones se hicieron realidad y las palabras del mandatario estadounidense -siempre marcadas por el sesgo de la xenofobia, el clasismo y racismo-, cada vez fueron subiendo de tono hasta llegar a la estridencia.

El estilo de Trump hizo mella en el mundo político alentando a más candidatos y partidos de tendencia ultraconservadora a implementar este “modelo”. De igual manera, al interior de la sociedad estadounidense, también se adoptó el discurso y ejemplo para mirar la otredad. Durante su administración pudimos observar con estupor el repunte de grupos supremacistas blancos, así como las masacres más violentas motivadas por el odio racial, religioso y xenófobo. Pareciera que el respeto al pensamiento crítico, la divergencia en opiniones, la valoración de la realidad hayan pasado a segundo término para ser sustituídos por la radicalización, la ausencia de tolerancia, el individualismo y el repudio a quien piensa diferente.

Este era (y sigue siendo) el principal peligro de Donald Trump, sembrar la semilla del odio y la discordia. Baste recordar algunos botones de muestra de que las palabras pueden servir como una plataforma para perpetrar lamentables crímenes de odio. En el año 2018, Robert Browers atacó a un grupo de judíos, dejando sin vida a 11 de ellos. En 2019, John Earnest asesinó a una persona e hirió a otras tres más en una sinagoga en San Diego, declarando que el motivo del atroz ataque fue que “odia a judíos y musulmanes”. Otro acto desalmado se llevó a cabo en El Paso, cuando Patrick Crusius, de 21 años, ingresó a un Walmart exclusivamente para disparar contra población latina (mayoritariamente mexicana), hiriendo a 26 personas y dejando sin vida a 23.

Así, este sábado se concretó otro crimen de odio más en la nación americana. Esta ocasión tuvo lugar en una población en Buffalo, Nueva York, con un patrón muy definido y que se observa cada vez más común. Payton Gendron, joven de 18 años, se trasladó más de 300 km hasta encontrar un -código postal- donde el 78 % de su población es afroestadounidense y en un supermercado con alta concurrencia disparó a 13 personas, dejando 10 muertos. En las investigaciones por parte de las autoridades indican que, al igual que Crusius, Gendron se le encontró un “manifiesto” que se enlaza a la “teoría del reemplazo” (o de la Gran Sustitución) la cual “alerta” sobre que “los blancos están siendo reemplazados por personas de otras razas”.

Este nuevo crimen de odio pone de manifiesto al menos tres temas de gran relevancia: la casi invisibilidad y cuidado de la salud mental de las y los jóvenes; la falta de regulación profunda en la compra-venta de armas y, por supuesto; la honda división fundamentada (o, mejor dicho, fundamentalista) en las diferencias de razas, credo y origen. Esta ola mundial de polarización nos está afectando como sociedad y humanidad, es momento de cambiar la forma en que miramos y nos relacionamos con el otro, si no dejamos este discurso dicotómico de odio terminaremos con nuestra civilización como la conocemos.

POR ADRIANA SARUR
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@ASARUR

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