DEFINICIONES

Días de lodo

Se descalifica al otro por quien es, no por lo que dice. No se escuchan argumentos distintos a los propios. Se anula al adversario. Se le estigmatiza, boletina, exhibe y ridiculiza

OPINIÓN

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Manuel López San Martín / Definiciones / Opinión El Heraldo de México

La semana empezó tensa, ríspida. Veníamos de un domingo cargado de odio, luego de la lluvia de insultos en la cámara de diputados durante la sesión en la que se rechazó la iniciativa de reforma eléctrica del presidente López Obrador.

La oposición, que horas antes de la previsible votación donde no se alcanzaría la mayoría calificada –dos terceras partes de los legisladores presentes- etiquetó al diputado Aysa como traidor por brincar del grupo parlamentario del PRI a Morena, fue boletinada como vende patrias y los nombres y rostros de quienes votaron en contra expuestos.

Ya los argumentos no parecen encontrar espacio en un ambiente tan polarizado, donde se descalifica al otro por el simple hecho de pensar distinto, como si en democracia estuviera prohibido disentir. Se descalifica al otro por quien es, no por lo que dice. No se escuchan argumentos distintos a los propios. Se anula al adversario. Se le estigmatiza. Se le boletina. Se le exhibe. Se le ridiculiza.

Entre traidores, vende patrias y salvadores, vivimos. Vuela lodo de un bando al otro. A eso se reduce la discusión pública en algunos. ¿Quién gana? La sociedad no. Los ciudadanos perdemos en la descomposición de la escena pública.

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El ambiente luce crispado. No hay punto medio. Los espacios de coincidencia se agotan, también los de diálogo y los puentes para conversar. O se está en un bando, o se pertenece al otro. O se aplaude todo, o se quiere destruir la 4T. O se critica todo, o se le sigue el juego al presidente. El ruido impide trascender las etiquetas simplonas y reduccionistas.

En el gobierno de la 4T hay buenas, malas y regulares. Objetivos alcanzados y pendientes. Aciertos y yerros. Los blancos y negros absolutos rara vez acercan a la realidad que está llena de matices.

Ni todo lo hecho está bien hecho, ni todo es un desastre, pero el gobierno y la oposición han pisado a fondo el acelerador de sus diferencias. La brecha no deja de crecer. Ningún bando parece notar que esto no se trata de vencedores y vencidos.

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Y de pronto, el pasado miércoles el presidente sorprendió. Matizó. Fue más conciliador. Tendió la mano. A los activistas, artistas, actores, actrices y cantantes que mostraron severas dudas sobre el trazo del Tramo 5 del Tren Maya, a quienes se había acusado de recibir dinero y prestarse a una campaña orquestada para lastimar el proyecto, se les invitó a dialogar. AMLO les llamó a encontrarse y sentarse a la mesa en Palacio Nacional. Los integrantes del colectivo #SelvameDelTren aceptaron el diálogo, lo aplaudieron, pero pidieron que se diera en la zona de la construcción del Tren. Ayer el presidente les dijo que no.

El mismo miércoles, López Obrador tendió otro puente a su estilo. Llamó a los empresarios del sector eléctrico afectados por la declaración de constitucionalidad que hizo la SCJN de la Ley de la Industria Eléctrica a reunirse para encontrar salidas, evitar denuncias y amparos. El mensaje fue bien recibido, aunque hasta ahora nada se ha concretado.

Sí se puede dialogar. Se debe. Aunque no se esté de acuerdo; aunque unos y otros no logren convencerse mutuamente. En democracia, las diferencias nutren. El que alguien piense distinto, no debería significar que es un adversario a vencer.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN

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