PASIÓN POR CORRER

Correr, correre o currere

Este verbo del idioma español proviene de la palabra latina currere, que significaba desplazarse rápidamente y que después pasó a la lengua italiana como correre para después llegar al castellano como la conocemos ahora.

OPINIÓN

·
Rossana Ayala / Pasión por Correr / Opinión El Heraldo de México

El fin de semana, ayudando a mi hijo que va en preparatoria con una tarea sobre las etimologías y locuciones latinas, me dio curiosidad por saber el origen de la palabra correr. Me encontré que este verbo del idioma español proviene de la palabra latina currere, que significaba desplazarse rápidamente y que después pasó a la lengua italiana como correre para después llegar al castellano como la conocemos ahora.

Además, descubrí que el verbo correr en nuestro idioma ha sido bastante prolífico y generoso, pues nos dio infinidad de palabras que están vinculadas a su idea de movimiento, desplazamiento, viaje o flujo. Por ejemplo, palabras como corredero, que es un sitio donde corren animales, corredor, el que corre, corredizo, que corre con facilidad, correduría, oficio de corredor, corriente, que corre, son todas palabras que tienen como raíz y concepto original el verbo y la acción de correr.

Igual hay prefijos como recorrer, correr por todo el espacio o socorrer, que es correr para sostener debajo para servir de apoyo, que nacen de la misma palabra y otras palabras que utilizan la raíz “curr”, como concurrir, reunirse en un sitio, escurrir, verter, discurrir, inventar, inferir, correr en todas direcciones, incurrir, caer en una falta o una situación. recurrir, volver a correr o dirigirse de nuevo a algo o alguien para servirse de ello o pedir ayuda y finalmente transcurrir, acaecer o pasar corriendo de un lado a otro.

Tal vez es por esa abundante presencia en nuestra lengua, que la palabra correr también ha dado pie a muchas expresiones coloquiales y populares que usamos todos los días en nuestro hablar. “Ando a las carreras”, decimos para indicar que estamos apurados o con prisa para terminar algo. “Lo corrieron sin aceite”, para decir de alguien que se ve más viejo de lo que es; “Corrió como alma que lleva el diablo”, cuando una persona se mueve desesperada y rápidamente para huir o escapar de una situación o de plano la penosa “Corre que te alcanzo”, cuando sentimos de pronto la necesidad de ir al baño con tanto apremio que apuramos el paso para no sufrir un accidente.

También el verbo correr aparece en dichos y refranes que pretenden transmitir experiencia o sabiduría popular: “Antes de correr, hay que aprender a andar”, para aquellos que se aceleran y quieren comerse al mundo sin estar preparados, o el dicho popular que aconseja “Agua que no has de beber, déjala correr, para indicar que no se debemos perder nuestro tiempo ni el de otros en algo o alguien que no tenemos interés.

El verbo y la acción de correr, que hoy relacionamos con tantas cosas de nuestra vida, principalmente con la idea de movimiento como sinónimo de salud, también fue importante para las civilizaciones antiguas. ?“En Grecia corrían muchos, por los más variados motivos. Corrían los atletas, que podían ponerse a prueba en diferentes tipologías de competición, cada una con sus propias características y sus propios objetivos. Corrían las mujeres, que al menos en Esparta y en otras localidades dóricas, aparecían en competiciones de carreras reservadas a ellas. Corrían, o incitaban a correr, los filósofos, hasta el punto de que Séneca en sus escritos habla de la importancia de la carrera para serenar los pensamientos”, escribió Gaia Pascale, en su libro Correr es una filosofía, Duomo ediciones.

Así que la palabra y la acción de correr, desde su origen etimológico es generosa, amplia y abundante y aunque solo necesite de un cuerpo en movimiento, experimenta muchos conceptos más como concentración, valor, coraje, tenacidad, disciplina, resiliencia, libertad y felicidad, entre muchos otros más.

 POR ROSSANA AYALA

AYALA.ROSS@GMAIL.COM
@AYALAROSS1

PAL