COLUMNA INVITADA

El mundo al revés

En EU, 66 por ciento cree en que la Tierra es esférica, y 34 por ciento cree que es plana

OPINIÓN

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Pedro Ángel Palou / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

¿En qué mundo vivimos?, o como escribía genialmente Ibargüengoitia, ¿dónde aprenderá la gente a pensar tan mal? En Estados Unidos un cuarenta por ciento de la población cree que Biden no ganó legalmente. Una película que se queda corta en la sátira como No mires arriba plantea que la ignorancia colectiva, la estupidez de la masa mueve las conciencias, las emociones y las ideas. Hace tiempo Antonio Tabucchi escribía: “Líbrame de quedarme solo con personas llenas de certezas. Es insoportable esa gente”. Se quedó corto. Esas certezas de los terraplanistas, los antivacunas, los que creen ciegamente las teorías conspiracionistas, todos ellos son peores porque sus certezas rayan en la estupidez humana.

En los últimos días hemos visto como Andrés Manuel se ha enfermado por segunda ocasión de Covid. Sigue sin usar tapabocas. Fue con carraspera a su famosa “mañanera”, hizo un video absurdo sin precaución, tomándose la temperatura. Igual que cuando Trump, enfermo, regresó del hospital, respirando con esfuerzo y se quitó el tapabocas para saludar a sus seguidores (esos mismos que ahora lo abuchean cuando dice que se ha puesto el refuerzo de la vacuna). Y son esos seres de certezas múltiples los que siguen sin vacunarse, nos enferman, no les importan los demás.

Pero lo que más me ha borrado la esperanza en el género humano no es esto, de por sí descorazonador. No, es el hecho de que una “influencer” se ha hecho rica vendiendo sus flatulencias. Stepanka Matto ha hecho un gran negocio envasando sus “pedos” y vendiéndolos en línea. Hace tiempo el artista Piero Manzoni vendía sus excrementos. Ahora, como en un episodio de Plaza Sésamo en el que la rana René vendía aire embotellado, la mujer vende sus flatulencias envasadas. El problema es que la pobre mujer tuvo que cambiar su dieta para hacer frente a sus múltiples clientes, necesitaba producir más pedos. Huevos duros, yogures, verduras. Todo para ser más apta en el reino de los gases. Y el problema, finalmente llegó. Dejó de poder hacer mil dólares diarios con su venta debido a una falsa alarma de ataque cardiaco, cosa que ella misma documentó en su cuenta de Twitter. Ella se define como la primera mundialmente en ser una “emprendedora de pedos” (fartprenour), pero el negocio va a la baja por el miedo a problemas de salud. ¿Quién se imagina a sus clientes abriendo el frasco para oler las flatulencias compradas por internet a la mujer? ¿Dónde aprenderemos a pensar tan mal, en la escuela, en el trabajo, con las redes, en la iglesia?

El tema es tan absurdo como en lo que creen los seguidores del anónimo Qanon. ¿En qué creen los seguidores de Qanon? En que Donald Trump va a salvar el mundo, que fue reclutado hace tiempo por un Kennedy que no ha muerto, aunque lo creamos, para destruir el estado profundo y la corrupción. La élite de Hollywood y política de Washington, según estos conspiracionistas, es un grupo de pedófilos y caníbales. Hilary, Oprah y Tom Hanks, por ejemplo, consiguen niños para chuparles la sangre y conseguir vivir más años. Lo sé, es absurdo, y sin embargo en los mítines de Trump y en las calles la gente sale con camisetas o pancartas de Qanon. Lo creen de verdad. Son los mismos antivacunas y terraplanistas. Son legión.

Como dice en twitter Daniel Molina: “Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender, lo que quieres entender y lo que finalmente entiendes hay nueve posibilidades de no entendernos”. En Estados Unidos solo un 76 por ciento de la población cree que la tierra es redonda. No creen en los hechos, no creen en la ciencia, en el calentamiento global. Si son menores de 24 años la estadística es más brutal. Solo 66 por ciento de los estadounidenses cree en que la tierra es una bola de 510 millones de kilómetros cuadrados. Un treinta y cuatro por ciento cree que la tierra es plana, ay qué pena para la ciencia.

¡Qué pena en realidad para la razón! ¡Qué pena para nuestro futuro lleno de gente que piensa mal y compra flatulencia en línea!

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

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