LA ENCERRONA

El despertar del dragón

"Cuando China despierte, el mundo temblará". Napoleón Bonaparte

OPINIÓN

·
Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

Se dice que al hablar de China se refiere al principio y el fin de la civilización humana. Sus dinastías, su imperio, su misticismo y enigmas, sus regiones, su muralla, sus leyendas, sus aportaciones al mundo, su vasta historia, su presente y su futuro hacen que el entender al dragón milenario sea un estudio inacabable. Su forma de gobierno, sus dinámicas internas y regionales lo vuelven aún más complejo. Desde el mundo occidental, el gigante asiático sigue conteniendo grandes secretos, sin embargo de algo podemos estar seguros, China ha despertado y se encuentra en franca carrera hacia la hegemonía mundial. 

La historia reciente marca el año de 1949 como el comienzo de la República Popular de China, cuando bajo el mando de Mao Zedong y el Partido Comunista Chino, pudo unificar un territorio caracterizado por la diversidad y conflictos regionales. Después, a través de la llamada “Revolución Cultural” se logró dar una identidad homogénea a la población china y consolidarse como un Estado “moderno” en un mundo (occidental) que giraba hacia la bipolarización. Fue entonces cuando tomó el mando el presidente Deng Xiaoping y entendió que el dragón asiático no podía permanecer al margen del planeta e introdujo el plan correctivo a la Revolución Cultural de Mao, llamado “Boluan Fanzheng”, así como la liberación económica conocida como “socialismo chino”. 

Con unas bases ideológicas sólidas -tanto en política, como en economía-, llegó el arribo de Xi Jinping como máximo dirigente del gigante asiático y junto con él, la visión y coyunturas óptimas para el retorno de China al mundo. Hoy podemos observar que el dragón tiene presencia en todos los continentes mediante sus empresas gigantes en tecnologías de la información, sus alianzas estratégicas con naciones en vías de desarrollo en África y América Latina a través de empresas de construcción, sus recientes acuerdos en Oriente Medio para el flujo de gas y petróleo (con un entramado militar con Irán) para llegar al continente europeo y así crear una nueva Ruta de la Seda.

En este tenor, vemos cómo se tambalea la economía mundial cuando se devalúa (artificialmente) el yuan o alguna de sus empresas se encuentran ante el precipicio, como el caso de Evergrande. Xi Jinping tiene claro el manejo de los poderes duros y blandos, bien puede “mostrar su músculo” militarista en conflictos regionales referentes a Corea del Norte y Corea del Sur, sostener una serie de discusiones ríspidas con Estados Unidos -en particular con Trump cuando era presidente- por cuestiones arancelarias, así como fungir como protagonista de la batalla contra el cambio climático en la COP 26 o colocar a sus atletas en top del deporte mundial (como se hacía en la Guerra Fría), sin olvidar nunca su discurso -popular- al interior de su país.

Es indudable que estamos frente al cambio de estafeta en la hegemonía mundial. No obstante, para consolidarse como tal China aún tiene cuestiones que dirimir ante su propio país, el caso de los derechos humanos, libertad de expresión y su oferta democrática. Al exterior, lo que obstaculiza su carrera hacia el liderazgo planetario son los organismos internacionales y un Estados Unidos que no dejará tan fácil su poderío mundial, ya sea en la arena económica, política y de “ejemplo” de democracia liberal. Nuestro país tendrá que ser cauteloso al posicionarse en alguno de los bandos en esta nueva Guerra Fría que se avecina. 

POR ADRIANA SARUR
ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM
@ASARUR

CAR