ANECDOTARIO

“Volver a la raíz, carta a mi abuelo”

He pisado las esquinas en las que describías bombardeos y batallas en la ciudad Condal cuando comenzó la Guerra Civil tratando de imaginar cada uno de los detalles que describes en tus memorias. Ahora sin escombros ni nubes de pólvora, sin cuerpos que yacen a mitad de la calle

OPINIÓN

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Atala Sarmiento/ Anecdotario / Opinión El Heraldo de México

Querido Yayo:

Hace dos años comencé una travesía profunda para encontrarme con mis raíces, tocarlas, sentirlas. Admito que por momentos no ha sido sencillo y que, inexplicablemente, he sufrido ciertos pasajes al sentir el vínculo con mis antepasados.

Mi primer hallazgo ha sido vivir en tu natal Barcelona. La he recorrido con la intensidad de caminar tus pasos por el barrio gótico, por el born, de abrazarme con fuerza a las columnas del edificio número 52 en la calle Muntaner en donde vivías como si ese mármol frío encerrara algo de tu esencia.

He pisado las esquinas en las que describías bombardeos y batallas en la ciudad Condal cuando comenzó la Guerra Civil tratando de imaginar cada uno de los detalles que describes en tus memorias. Ahora sin escombros ni nubes de pólvora, sin cuerpos que yacen a mitad de la calle. 

Viajé por las áridas carreteras de Aragón, esas que transitaste tantas veces cuando fuiste al frente de batalla. Las que viajaste de ida y vuelta para volver a Barcelona, a los brazos de la Yaya que pacientemente te esperaba allí hasta que terminara la guerra, allí donde te enteraste que te habías convertido en padre sin poder conocer aún a tu nena.

Ahora he llegado hasta Francia. Como parte de mis vacaciones de verano escogimos este recorrido pensando pasar, como primer destino, por Argeles-Sur-Mer. Tenía que estar en ese lugar en el que estuviste preso en un campo de concentración mientras huías de España intentando mantenerte con vida. Si pudieras ver con mis ojos esa misma playa ahora solo como un lugar recreativo y no un sitio de tortura, frío, hambre y dolor. Mis ojos se movieron lentamente mientras observaba La Playa Norte porque quería absorber cada detalle y cada segundo de mi estancia sintiéndote en cada latido y en cada respiración. Y lloré, lloré por ti imaginando cómo sentías el viento húmedo y helado de la brisa del mar golpeando tu cara aún joven en ese invierno cruel en el que te rodearon alambres de púas.

Decidimos terminar nuestro viaje en Toulouse, esa ciudad en la que encontraste refugio cuando pudiste huir del campo de concentración y en donde comenzó tu expedición para poder rescatar a la Yaya, y a tu hija la mayor, ya nacida en Barcelona, para iniciar una nueva vida en México.

Toulouse, la ciudad roja, es preciosa Yayo. La he caminado toda con esa esperanza que te dio cobijo. Que sepas que la Rue des Recollets, donde encontraste refugio y techo gracias a la ayuda de Madame Lafon, es ahora un gran boulevard lleno de edificios. No encontré el taller con el número 22 al fondo del cual estaba la vivienda en la que por fin encontraste ropa limpia y comida. Pero desde aquí honro tu memoria y te siento en cada poro de mi piel. Te admiro y te amo eternamente…

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI

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