MIRANDO AL OTRO LADO

Se descompone la relación México/Estados Unidos

Los tejidos de la relación bilateral entre México y Estados Unidos se están deshilvanando. Hay muchos indicios de ello

OPINIÓN

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Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México

Los tejidos de la relación bilateral entre México y Estados Unidos se están deshilvanando. Hay muchos indicios de ello. Si hubiera buenas y justificadas razones para ello, eso sería una cosa. Pero ante el sinsentido de una creciente ola de grietas y sinsabores, es necesario respirar hondo y dar un paso atrás. Servirá para pensar con la cabeza fría cuál es la mejor ruta para cuidar los intereses nacionales y estratégicos de México.

Hay una primera situación que sirve como un señalamiento sobre la dificultad para lograr el enfriamiento de la situación política entre ambos países. Esa situación gira alrededor del estado de ánimo de ambos Presidentes.

En el caso de Biden, llegó a la Presidencia con una carga de malestar debido a lo que sabemos ahora eran los intentos golpistas de Trump. La democracia estadounidense se volvió frágil y repleta de peligros alarmantes. Ante la polarización de la sociedad, instrumento político esencial que empleó Trump a fondo en su estrategia por retener el poder, el reconocimiento inmediato que tanto países hicieron de su victoria le sirvió a Biden para consolidar su posición y, por ende, a la democracia en su país. AMLO le regateó hasta el último momento el reconocimiento a Biden, aparentemente poniéndose de lado del populista golpista de Trump. Mientras Canadá, toda Europa y gran parte de América Latina reconocieron a Biden, México se lo negó.

Y nadie olvida en Washington que el primer, y único, viaje de López Obrador al exterior fue precisamente a Washington durante la campaña electoral para dar todo su apoyo, y de “la comunidad de paisanos”, a Trump en su campaña electoral por la reelección.

Ahí empezaron mal las cosas entre ellos.

Desde la óptica estadounidense, la conducta de López Obrador pudiera deberse a su compromiso político esencial con el populismo-golpista de Trump, desechando las prácticas democráticas que son moneda común entre países de compromisos en alianzas económicas como el T-MEC, que se suscriben bajo premisas políticas, no solo como acuerdos económicos.

El primer país que visitó Biden después de su victoria electoral fue Canadá, como socio estratégico del T-MEC. Si bien conversó Biden con AMLO una vez por videoconferencia, lo evidente es que no ha visitado a México, el otro socio del T-MEC. Y, al parecer, no tiene planes de hacerlo. De hecho, Biden fue invitado a la ceremonia de consumación de la Independencia, que se recuerda el día de mañana, 27 de septiembre. Se desistió por “razones de agenda”, aunque designó al Secretario de Estado Blinken que asistiera en su lugar. Pero ahora resulta que Blinken tampoco vendrá al evento.

Una explicación posible de la inasistencia de Blinken es precisamente debido al florecimiento del nuevo amasiato de México con Cuba, Venezuela y Nicaragua, tres países notorios por su característica en común: son dictaduras. Las celebraciones de las fiestas patrias y la reunión de CELAC sirvieron de plataforma para que el Presidente de México pudiera justamente pasear a los dictadores más conocidos de la región ante el asombro de las democracias de América Latina y del mundo.

Pero sin duda hay elementos adicionales que están causando conflicto y disonancias entre ambos países. Uno de ellos es la postura mexicana ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Desde hace tiempo existen ideas, quejas y dudas de varios países de la región acerca del funcionamiento del organismo regional, y propuestas varias para mejorar o modificar su funcionamiento. De hecho, dentro de la propia OEA existe una comisión plural para discutir propuestas para su mejoramiento.

Pero la propuesta de México fue en otra dirección. Lo que dijo AMLO fue que todos los países deberían salir de la OEA, para “no ser lacayos de nadie”. La implicación era, obviamente, que permaneciendo en la organización implicaba seguir siendo lacayos de Estados Unidos. Rechazando la idea de reformas, México insistió en romper con la OEA y crear una unión sustituta sin la presencia de Estados Unidos. Difícil hacer un planteamiento más hostil.

Claro, a la mera hora, en la reunión de CELAC ni siquiera se planteó el tema, a pesar de ser México el país anfitrión de la reunión y en control de la agenda. No se planteó por la sencilla razón de que si se hubiera planteado, la mayoría de los países habrían votado en contra de la propuesta mexicana. Solamente contaba con el apoyo de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y El Salvador. Cuba no vota por no ser miembro de la OEA.

Es decir, AMLO insultó a Estados Unidos por defender una “causa” que ni siquiera contaba con el apoyo mayoritario en la región de América Latina y el Caribe. Difícil hacer semejante ridículo, sin planeación previa.

La glorificación fuera de toda proporción de Cuba que hizo AMLO (“la nueva Numancia” y una “declaratoria de la Isla como patrimonio de la humanidad”) tenía todo el tufo de la intención de deliberadamente irritar a Estados Unidos. Lo del llamado a levantar el embargo a Cuba no es nada nuevo: México y el resto de América Latina y el Caribe hemos apoyado esa posición desde hace décadas, en votaciones anuales en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Al mismo tiempo, subsiste la gran contradicción de la conducta mexicana. AMLO mantiene al país como fiel escudero de la Border Patrol estadounidense, incluso enviando a haitianos de regreso a su país en aviones, al mismo tiempo que, irritado, mandó cartas a Biden exigiendo dinero y vacunas para México y Centroamérica. Imposible imaginar una conducta más absurda del Presidente mexicano..

El comportamiento de AMLO es cada día más irascible e irracional. En el caso en comento aquí, el de la relación con Estados Unidos, es recomendable que el Presidente respire hondo y se permita un espacio para apaciguar los ánimos, no exaltarse más.

Corre la especie de que, como ni Biden ni Blinken vienen al evento el lunes 27 de septiembre (o sea, mañana), AMLO ha invitado al dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, y a su esposa la vicepresidenta Rosario Murillo como invitados sustitutos a la conmemoración de la Independencia de México. De ser así, tendría toda la intención de romper lanzas con Estados Unidos. No lo haga, Presidente. Los intereses de México tiene precedencia sobre los suyos personales y sus muy particulares frustraciones y enojos.

POR RICARDO PASCOE PIERCE
RICARDOPASCOE@HOTMAIL.COM
@RPASCOEP

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