DES... PROPÓSITOS

La Terrible Desaparición del Mar Aral

El nuevo desierto está cubierto por arenas corrosivas con una alta densidad de sal y restos de pesticidas, herbicidas y fertilizantes

OPINIÓN

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Agustín García Villa / Des... Propósitos / Opinión El Heraldo de México

Es repulsivo constatar la desaparición del Mar Aral, un mar interior o gran lago en Asia Central entre Kazajistán, al norte y Uzbekistán, al sur, que con una superficie de 66 mil kilómetros cuadrados producía unas 10 000 toneladas de pescado anuales -o sea una sexta parte del que se consumía en la extinta Unión Soviética (URSS)- y daba empleo directo a más de 60 mil pescadores. Su desaparición es una de las alteraciones terrestres más dramáticas en siglos y quizá el peor desastre del Siglo XX.

El mar Aral fue el cuarto lago endorreico (interior) más grande de la tierra, sólo detrás del Mar Caspio -entre Azerbaiyán, Rusia, Turkmenistán, Irán y Kazajistán-; el Lago Superior –entre los EU y Canadá-, y el Lago Victoria -entre Uganda, Tanzania y Kenia-. Fue un oasis ecológico en medio de los desiertos de Asia Central, alimentado por los ríos Amu Daria y Syr Daria, que nacen en las montañas de Thian Shan y del Pamir, en la región tayico-afgana, y que llevaban sus aguas por más de 2 500 kms hasta el gran lago.

La virtual desaparición del mar Aral comenzó en los años 60, cuando la región era parte de la URSS y sus dirigentes decidieron desviar el curso de los ríos que alimentaban el lago para usar sus aguas en el riego de zonas desérticas que serían abiertas al cultivo de arroz y algodón, que requieren de grandes volúmenes de líquido.

Inicialmente se desvió un tercio del caudal de agua de ambos ríos, que según la ingeniería soviética no afectaría el flujo anual requerido para mantener el nivel hídrico del mar Aral. Pero la mala planeación llevó a que en sólo veinte años se produjera una de las mayores catástrofes ecológicas del mundo y, con ella, una debacle de todo tipo para miles de personas que vivían en sus alrededores.

El  nuevo “Desierto de Aral” está cubierto por arenas corrosivas con una alta densidad de sal y restos de pesticidas, herbicidas y fertilizantes fabricados con tecnologías soviéticas de los años 60. El oasis que floreció con el nacimiento de la Ruta de la Seda, hace dos mil años, es ahora un paisaje lunar tóxico, donde yacen los vestigios de las barcas pesqueras que surcaron sus aguas.

El daño ecológico está hecho y no hubo responsables del ecocidio. ¡Como si no hubiese pasado nada! El Mar Aral todavía aparece en los mapas, como si existiera…

Entre las secuelas están los problemas de salud que enfrentan quienes aún viven en las riberas de lo que fue el gran lago, tanto por la contaminación del agua como por las tormentas de polvo con residuos tóxicos y enfermedades pulmonares, cardiacas, afectaciones a la fertilidad, retraso del crecimiento, etc

Hay iniciativas para regenerar el Mar Aral, pero los cuerpos de agua aún existentes son menos del diez por ciento de lo que fue. La regeneración total es ya imposible y se asegura que las tormentas de polvo de la zona llegan tan lejos como Noruega, mientras se hacen esfuerzos por reforestar la región con plantas y arbustos adaptados al sol y la sequía. ¡Se secó un mar, para irrigar un desierto!

POR AGUSTÍN GARCÍA VILLA
ANALISTA ECONÓMICO
ORBE@ELHERALDODEMEXICO.COM

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