MIRANDO AL OTRO LADO

CELAC: el elefante en la sala

En un sólo día empezó y terminó la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Asistieron al encuentro 36 representantes de naciones de la región

OPINIÓN

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Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México

En un sólo día empezó y terminó la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Asistieron al encuentro 36 representantes de naciones de la región y representantes de organismos internacionales (CEPAL y la Unión Europea), estando presentes solamente 4 mujeres.

Se supo, por las intervenciones de los ponentes, que la noche anterior, durante la cena oficial, la Primera Dama les habría dado una cátedra sobre la historia de la conquista de México, la caída de Tenochtitlán y la historia de la Ciudad de México.

Rápidamente se despejó la gran duda sobre el temario de la reunión. No hubo ningún interés por discutir la propuesta que había hecho en la víspera el Presidente López Obrador de que Latinoamérica y el Caribe salieran de la Organización de los Estados Americanos (OEA) por ser, a decir del mexicano, una estructura que los obligaba a ser “lacayos” de Washington. Países como Venezuela, Bolivia y El Salvador criticaron la conducción del señor Almagro al frente de la OEA, por “intervencionista”, que es lo mismo que dijo López Obrador.

Pero tenían que aceptar una realidad: una gran mayoría de los asistentes a la reunión de CELAC había votado a favor de que Almagro siguiera como secretario general de la OEA. Así que la propuesta de México fracasó, y ni siquiera fue clara la propuesta de crear una comisión para discutir reformas al organismo. Además, crear una comisión es igual a no hacer nada.

La gran preocupación presente en los discursos de todos los representantes fue el tema de la pandemia de Covid19. Su efecto sobre los sistemas de salud ha sido devastador, incluyendo por supuesto el impacto en las finanzas públicas. Todos presentaron sus datos nacionales que, en conjunto, describen una región afectada de forma severa por la pandemia y las dificultades para acceder a vacunas suficientes y equipo médico necesario para las poblaciones nacionales.

Para tal efecto, la secretaría general de CEPAL presentó un plan amplio para coordinar la respuesta a la crisis sanitaria de forma coordinada, proponiendo incluso la idea de nombrar un “czar” responsable de la tarea de coordinar los esfuerzos de todos los países. Como ella es mexicana, y cercana a López Obrador, esperemos no estén pensando en nombrar a López Gatell para ese puesto, por el bien de América Latina y el Caribe.

Muchos países también plantearon su preocupación por el cambio climático, que provoca desastres naturales que destruyen las economías nacionales en un santiamén. Me alegró escuchar la conciencia que tienen tantos líderes de la región sobre la crisis climática y la necesidad de impulsar políticas verdes en sus países, incluyendo las pequeñas islas caribeñas devastadas por los huracanes. Espero que López Obrador haya sido educado, aunque sea poquito, sobre la crisis climática que también enfrenta México.

La ironía del tema del cambio climático es que, al final del evento, Ebrard celebró que un Fondo Contra Desastres Naturales que creó CELAC hace pocos días había recibido 15 millones de dólares. Lo que es ser candil de la calle y oscuridad de la casa. Y eso, sin inmutarse.

El roce político llegó en la forma de cuestionamientos de Paraguay y Uruguay a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, señalando la incompatibilidad de que un organismo regional democrático y plural pueda tolerar la presencia de dictaduras en su seno. Cuba y Venezuela respondieron con aclaraciones sobre su representatividad popular y retando a sus cuestionadores a debatir sobre democracia, libertad y soberanía. Aquellos se sienten cómodos debatiendo estos temas en México, pues López Obrador ha mostrado su complacencia con Cuba y Venezuela, incluso con Nicaragua. Se ha negado a cuestionar a esos gobiernos por los actos de represión que ejercen cotidianamente contra sus ciudadanos.

De hecho, en su discurso inaugural al evento de CELAC López Obrador insistió en la necesidad de la unión regional contra las “presiones externas”. Dio pie a tanta comodidad que los Presidentes de Cuba y Venezuela se sintieron en casa, avalados por el hermano mayor, México. AMLO les dio luz verde para seguir gobernando como tiranos. ¿Qué otro mensaje se puede desprender del hecho de que México le pidió al cubano que le dirigiera palabras severas y altisonantes a los generales mexicanos y sus mandos, escasos dos meses después de haber ordenado a sus tropas reprimir al pueblo cubano que protestaba por la carestía y exigía libertad? ¿Qué pensarán los generales mexicanos? ¿Qué López Obrador les podría ordenar actuar de la misma forma aquí?

Fue el representante de la Unión Europea quien, de una manera muy diplomática, señaló y describió el gran elefante en la sala. Su presencia era importante porque muchos líderes latinoamericanos, señaladamente López Obrador, gustan decir que quieren una unión “tipo” Unión Europea, sin saber lo que realmente están diciendo.

El diplomático explicó que, además de programas de cooperación de la UE, la comunidad europea de finca en una “brújula” común. Esa brújula se compone del respeto al Estado de derecho, el poder judicial independiente y la separación de Poderes, elecciones libres y democráticas, la defensa y ampliación de los derechos de las mujeres y la niñas, las libertades de expresión, manifestación y el respeto a los derechos humanos de todas y todos, junto con la inclusión en la revolución digital.

El representante europeo dejó en claro que sin estos elementos no puede existir una verdadera unión entre naciones. Así que la interpretación de López Obrador, Díaz Canel, Maduro, Ortega y Arce (Bolivia) de que la “soberanía e independencia” de las naciones significa que los gobernantes pueden hacer lo que se les antoje con sus ciudadanos, siempre y cuando esté dentro del respectivo territorio nacional, es una mentira y una falsedad. Así justifican sus dictaduras y la represión que ejercen contra sus “opositores”.

Lo que le critican a la OEA es su “intervencionismo” por llamarles la atención e, incluso, proponer se voten censuras en su Asamblea General por reprimir sus poblaciones y limitar o eliminar su derecho a la libre manifestación de sus ideas, como lo vimos en Cuba en julio, y ahora en Nicaragua y Venezuela con tantos presos políticos. Propuestas de censura que, por cierto, se aprobaron mayoritariamente por los países asistentes a esa reunión de CELAC.

La conclusión sobre CELAC y su pretensión de ser un organismo que vaya más allá de reuniones de un día, es que tendrá que adoptar una “brújula” común con contenidos y responsabilidades democráticas claras y obligatorias, como la Carta Democrática de la OEA o la Declaración de Principios de la Unión Europea. Si no lo hace, no tendrá futuro alguno, porque ningún país va a financiar un organismo para discutir seriamente entre demócratas y dictadores.

POR RICARDO PASCOE PIERCE
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