LA ENCERRONA

El legado de Angela Merkel

En un mundo envuelto por los vaivenes políticos, económicos, sociales; con crisis sanitarias, medioambientales, demográficas y también de representación, existe una mujer quien ha puesto certidumbre a la ciudadanía

OPINIÓN

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Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

“Wir schaffen das” (Podemos hacerlo). Angela Merkel

En un mundo envuelto por los vaivenes políticos, económicos, sociales; con crisis sanitarias, medioambientales, demográficas y también de representación, existe una mujer quien ha puesto certidumbre a la ciudadanía y congruencia a su actuar, no solo a su país de origen, Alemania, sino a toda Europa. Se trata de Angela Merkel, la llamada “Canciller del clima”, “Das mädchen (la niña Kohl)”, “mutti (mamá) o Madame Non y quien tras 16 años al frente de la potencia económica europea se despide de la vida pública, dejando un vacío que será muy complicado de llenar.

Angela Merkel, de 67 años, física de profesión, oriunda de Hamburgo y a quien le tocó vivir la Guerra Fría en la Alemania Oriental, ha comentado que después de su trabajo en un instituto científico siempre pasaba al lado del Muro al regresar a casa pensando en que “el Muro de Berlín limitó mis oportunidades, literalmente se interpuso en mi camino”, y que a su caída en 1989 no solo cayó una época, sino que se erigió una puerta, comentó en 2019 en una conferencia en Harvard.

Aquella puerta fue su ingreso a la política alemana, su ascenso meteórico tanto en el partido Unión Demócrata Cristiana (CDU de centro-derecha) como en el gobierno, primero en el Bundestag (parlamento) luego en los ministerios de la Mujer y Juventud; Medio Ambiente, Conservación y Seguridad Nuclear, la fueron forjando como una política de altas miras hasta su consolidación como primer ministra en noviembre de 2005. Sin embargo, y más allá de su popularidad dentro de su natal Alemania durante los 16 años como canciller (más del 50 %), ha tenido situaciones complejas que sortear como la depresión económica de 2008, el pragmatismo con el que enfrentó la crisis del Euro un año después, sus decisiones de alejarse de la carrera nuclear, la crisis álgida de inmigración en 2015 (ganándose enemigos dentro de su país) y la pandemia ocasionada por la Covid-19, son algunas acciones que la destacan como una dirigente ejemplar.

En este sentido, así como del lado de la realpolitik, Merkel supo afrontar el ascenso mundial de China, cuatro periodos presidenciales estadounidenses -con Trump incluido-, los arrebatos de Vladimir Putin y sus constantes amenazas y el malestar portugués, español, turco y sobre todo griego, emanado de la visión que Merkel tiene de Europa. Su fortaleza política tiene su origen en la Guerra Fría y se dispuso a ser una gran conciliadora y negociadora para no volver a repetir un conflicto con aquellas dimensiones.

Así, después de las elecciones generales el 26 de este mes, de donde saldrá el sucesor de Merkel, no solo Alemania y Europa se despiden de una política sagaz y de convicciones fuertes, también el mundo dejará de observar en ella a un referente del -deber ser- de un actor político. La manera de gobernar sin dividir a la población, ser flexible o rígida dependiendo como se amerite y priorizar el bienestar de naciones enteras por encima de voces e intereses particulares son algunas de los aprendizajes que nos deja la canciller alemana. Es de celebrar que existan mujeres de su envergadura dentro de la arena política, un ejemplo a seguir por las mexicanas que hacen política en nuestro país. 

POR ADRIANA SARUR
ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM
@ASARUR

dza