ANECDOTARIO

La turista iracunda 2

Cuando crees que una sola palabra hará magia y cambiará tu suerte

OPINIÓN

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Atala Sarmiento/ Anecdotario / Opinión El Heraldo de México

Cuando crees que una sola palabra hará magia y cambiará tu suerte, la vida te sorprende ocurriendo todo lo contrario.

Ante la furia de una cliente española que no quiso dejar la propina correspondiente, la mesera intentó calmar la situación amenazando con llamar a la policía. Parece que semejante ultimátum no hizo más que alimentar el fuego en el que ya ardía la muy encolerizada mujer y entonces sucedió lo peor.

En un par de zancadas llegó hasta la barra en donde descansaban un par de alteros de platos de porcelana. Con saña y mucha fuerza, la mujer deslizó sus brazos por la barra hasta hacerlos caer al suelo. Una sinfonía de vidrio crujiendo recorrió el lugar como en sonido envolvente y sin conformarse se dirigió hasta la otra esquina de la barra para arrasar también con un jarrón lleno de flores frescas. En su intencionada aniquilación del sitio profería improperios a todo volumen mientras todos mirábamos atónitos la escena.

Los acompañantes de la irritadísima cliente solo contemplaban la escena desde la puerta sin poder intervenir; en realidad nadie lo hacíamos, no fuera que a ser que también nos colocaran un manazo sin deberla ni temerla por defender de tal atropello a la camarera.

La advertencia se convirtió en una realidad cuando se apersonaron en la puerta del local dos policías gigantescos. La turista iracunda no tuvo más remedio que aplacarse ante la presencia de la ley que hacía preguntas a la camarera y su compañero, pero ella en español seguía gritando lo que le parecía improcedente sin que nadie le entendiera.

Después de un rato de alegatos esposaron a la mujer, la subieron a una patrulla y nuevamente sus acompañantes de viaje no pudieron hacer nada para evitarlo. Se la llevarían a alguna comisaría y muy probablemente habrá sido una noche infernal que ninguno de esos 4 viajeros hubiera pensado que formaría parte de sus vacaciones en Praga.

Mi madre y yo nos quedamos con la zozobra de qué cuál sería su destino. Nos planteábamos escenarios de qué pasaría si la dejaban presa por un acto vandálico en una heladería del centro de la ciudad, estando en un país que no era el suyo y donde no conoce idioma, ni leyes.

Un par de días más tarde mi madre y yo caminábamos nuevamente por la misma zona donde había ocurrido el incidente y nos volvimos a preguntar qué sería de aquella furibunda turista que destruyó la heladería. Caminábamos entre un tumulto de turistas curiosos igual que nosotros cuando, de pronto, entre el gentío, reconocimos a los acompañantes de la mujer.

Detrás de ellos, la última del grupo ¡Era ella! La turista iracunda caminando por las calles de Praga más fresca que el helado que le quitó la libertad por unas horas en plenas vacaciones, todo por no creer en el clásico A donde fueres haz lo que vieres…

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI

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