LA ENCERRONA

Una crisis geopolítica se avecina

“Si se quiere acabar la guerra con otra guerra nunca se alcanzará la paz” Malala Yousafzai

OPINIÓN

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Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

Afganistán vuelve a ponerse en el centro de los titulares a lo largo y ancho del orbe. Pues después de que hace 4 meses el presidente Joe Biden anunciara que continuará con la estrategia (que dio inicio con Obama y fue seguida por Trump) de replegar sus tropas tras 20 años de ocupación militar en este país, el ejército talibán ha tomado la capital de Kabul y con esto, el control del Estado afgano, lo que representa una preocupación mayúscula para el sistema internacional, sus potencias, los derechos humanos y, por supuesto, para los habitantes de aquella región.

Para explicar este “golpe de estado” o toma del gobierno afgano, muchos analistas alrededor del mundo comentan que se dieron los factores adecuados para crear el caldo de cultivo perfecto. Un presidente extremadamente tecnócrata alejado de los liderazgos -militares y sociales- locales; fuerzas armadas menguadas por falta de apoyo del gobierno y corrupción  entre sus filas; el repliegue de las tropas militares estadounidenses; apoyo económico, armamenticio y voluntarios provenientes de Irán, Pakistán y Rusia para el grupo talibán; estrategia militar basada en amenazas de muerte y  acuerdos económicos a líderes, fuerzas de seguridad y funcionarios  en las provincias (plata o plomo); resentimiento social en contra de un gobierno corrupto e ineficaz; aislamiento y posterior conquista de las ciudades más importantes hasta llegar a un Kabul acéfalo y sin resistencia alguna.

Las imágenes que llegan desde Afganistán muestran el horror de la población y el deseo incesante de salir del país porque saben del fundamentalismo y sadismo con el que este grupo armado se maneja al desconocer los derechos humanos, la democracia o cualquier otra ley externa a la sharía (ley islámica). En la etapa anterior al frente de este país, en 1996 después de la guerra civil afgana, se instauró que a las mujeres se les prohibía trabajar, asistir a la escuela o salir de casa sin un pariente masculino. Los hombres tenían que dejarse crecer la barba y llevar gorra o turbante y cualquiera que no cumpla estas reglas es castigado, humillado y azotado públicamente.

Se suele decir que la historia es cíclica y tiende a repetirse. En este sentido, la irrupción de un gobierno talibán en Afganistán remueve los recuerdos de su mandato en 1996 y hasta 2001 cuando fueron derrotados por la milicia estadounidense y aliados, posterior a los ataques perpetrados por Al-Qaeda aquel terrible 11 de septiembre. Aunque las declaraciones de los “nuevos mandatarios” talibanes hayan anunciado que se instaurará un gobierno “islámico e incluyente” sabemos que las viejas prácticas se repetirán y, quizá, con mayor fuerza, intolerancia e intensidad que hace 20 años.

Así, la crisis geopolítica que el arribo de este gobierno talibán puede desatar, apenas comienza. Hoy los gobiernos de todo el mundo miran con recelo hacia Afganistán, pues la amenaza terrorista se incrementa y los ataques que conllevan es una preocupación latente. Estados Unidos, China, la Unión Europea, así como los organismos internacionales tendrán que estar realizando la estrategia de contención y disuasión para restablecer los derechos de las mujeres, los derechos humanos, la democracia y la paz en la región, antes de que el grupo talibán tome mayor fuerza y esto pueda ocasionar un conflicto armado con dimensiones mundiales. 

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