COLUMNA INVITADA

Pantelhó

Una vez más, en los Altos de Chiapas ha corrido la sangre. Esta vez, en el municipio indígena tseltal y tsotsil de Pantelhó.

OPINIÓN

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Xóchitl Gálvez / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

Una vez más, en los Altos de Chiapas ha corrido la sangre. Esta vez, en el municipio indígena tseltal y tsotsil de Pantelhó.

Ahí donde la mitad de sus 26 mil habitantes son monolingües. Ahí, en la tierra de los hombres verdaderos y de los hombres trabajadores, los winik atel y los batsiI winik'otik, como se autonombran.

Se gobierna bien para conservar el orden del mundo, y además de trabajar la tierra, es cumplirle a las deidades de sus campos y bosques, con ofrendas, rezos y curaciones en los lugares sagrados.

Así se evitan los sufrimientos y castigos sobrenaturales que llegan por no haber respetado el derecho y los bienes de los vecinos; por no respetar las reglas del mundo.

En Pantelhó pasó algo y ese orden se rompió. Han asesinado a sus principales y a defensores ambientales, les roban sus bosques, llegaron los narcos ahora son víctimas de la inseguridad, la extorsión y la sangre.

El equilibrio entre el cielo y la tierra se rompió. Porque Pantelhó es un municipio de muy alta marginación, el tercero según los indicadores del bienestar del estado de Chiapas.

A pesar de sus rezos y plegarias, católicos, evangélicos y quienes mantienen su fe en creencias ancestrales, en Pantelhó han vivido en la marginación, aferrados a sus milpas, pero olvidados por las autoridades estatales y sus fuerzas de seguridad y a merced de caciques que talan sus bosques y, recientemente, una creciente escalada de violencia provocada la delincuencia organizada.

Hasta que tseltales y tsotsiles de Pantelho dijeron ¡basta!, crearon un grupo de autodefensa y bloquearon las entradas al municipio. 

Cuando, la semana pasada, las fuerzas federales y estatales intentaron liberar los accesos hubo un tiroteo con un saldo de seis policías estatales y tres efectivos militares heridos.

Nada justifica la violencia ni la sangre. Sin embargo, los acontecimientos son resultado de la inacción de las fuerzas de seguridad para proteger a los habitantes de Pantelhó. A donde solo acudieron cuando se supo del grupo de autodefensa.

A estos hechos de sangre se suma una tragedia de dimensiones inconmensurables: el desplazamiento forzado de 3 mil 200 personas, abandonando con ello sus enseres, sus animales de patio y, peor todavía, las milpas que son la base de su sustento económico y cultural.

En Chenalhó y San Cristóbal de las Casas, donde se han refugiado, no tienen garantizado un albergue digno, ni su derecho a la salud, ni a medicamentos, y en muchos casos, ni siquiera tienen asegurada su alimentación, vestido y abrigo.

Por ello es urgente que las autoridades federales y estatales los atienda y que lleven a cabo las acciones necesarias para pacificar la zona y permitir el pronto retorno seguro a sus comunidades.

A la vez, es imperativo que se salvaguarde la integridad de la población que aún permanece en la región del conflicto.

Es obligación de las autoridades contribuir a restablecer el orden del cielo-tierra y dar a tzeltales y tsotsiles, Pantelho, trabajadores y verdaderos, algo más que el miedo y el abandono.

POR XÓCHITL GÁLVEZ
SENADORA DEL PAN
@XOCHITLGALVEZ

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