ANECDOTARIO

“Corazones expulsados”

“Lo cuento todo a través de mis canciones” me dijo Alejandro Sanz en una entrevista cuando triunfaba con su recién lanzado “Corazón Partío”

OPINIÓN

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Atala Sarmiento/ Anecdotario / Opinión El Heraldo de México

Lo anterior era su respuesta ante el cuestionamiento de cómo hacía para mantener su vida privada tan segura y hermética de la curiosidad de la prensa. Decía que tenía otras maneras de hacer saber de manera pública su sensibilidad, porque todos sus amores, dolores, alegrías o tristezas estaban allí expuestos en palabras adornadas por un marco de notas musicales.

Y es que así no parecería que los artistas, en cualquiera que sea su forma de expresión, quedaran completamente exhibidos, pero su vulnerabilidad está mucho más a la vista que la de ninguna otra persona.

En el arte todo se vale, ningún sentimiento es exclusivo de una determinada expresión artística, pero es verdad que algunas sirven como mejor vehículo para expresarlos, aunque todos delatan mucho de cómo se siente el creador de la obra.

Por ejemplo, corazones rotos o rebosantes de amor son muy fáciles de detectar en la música, en el cine.

La pintura o la escultura van un poco más allá y pueden ser muy ideales para plasmar miedo, angustia, incluso denuncia social; en la danza pasa algo singular porque las coreografías pueden ser confusas para algún espectador.

Sin embargo de todas las bellas artes, quizá la literatura sea la manifestación más clara de todas, la que se preste a menos interpretaciones y, simultáneamente, la que sirva como mejor testimonio del estado anímico de quien la concibe.

Desde un punto de vista psicológico los escritores son, muy probablemente, quienes más llegan a convivir con sus propios fantasmas. Pero más no es lo mismo que mejor.

A finales de la década de los 80 la neuropsiquiatra estadounidense Nancy Andreasen realizó un estudio a un grupo de escritores. En él descubrió que justamente esta “familia artística” tendía más que cualquier otra a sufrir trastornos afectivos -como depresión o bipoliaridad- alcoholismo o incluso inclinaciones auto destructivas. Curiosamente, ninguno de estos síntomas estaba vinculado al reconocimiento público y tenía que ver, más bien, con una forma específica de creación: la de la expresión verbal ¡Vaya ironía!

Reza un dicho popular que donde faltan las palabras siempre habrá música. Yo añadiría que también cualquier otro tipo de manifestación artística y que cuando conecta con el espectador es realmente estremecedor porque establece una consonancia seductora entre los sentimientos del creador y de quien aprecia su obra.

Si fuésemos más conscientes de todo ello, probablemente dejaríamos de preguntar a los famosos por su estado emocional, su parte personal, esa que quieren poner en un resguardo ficticio porque, de todos modos, arrojan el corazón en cada obra.

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI

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