DESDE AFUERA

La SRE: reorganización política

El nuevo reglamento parece reconocer el escaso interés del actual mandatario en asuntos que lo obligan a enfrentar una realidad que no conoce y tal vez considera como distracción de sus propósitos centrales

OPINIÓN

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José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

En más de un sentido, el nuevo reglamento interno de la Secretaría de Relaciones Exteriores reorganiza la política internacional de México.

Y no es sólo que, de acuerdo con la composición publicada la semana pasada en el Diario Oficial de la Federación, la relación con Estados Unidos quede bajo la égida directa de la oficina del secretario del ramo, sino que algunos de los detalles son de causar curiosidad.

Para empezar, el hecho de que los vínculos con EU sean tan amplios y tan variados coloca al secretario, y de paso al funcionario encargado, en una posición de enorme poder y funciones que en la realidad pueden trascender su ámbito.

La agenda con Estados Unidos toca literalmente todas las partes del abecedario, de lo agrícola a lo zoológico, pasando por comercio, crimen organizado, defensa, ecología, economía, educación, energía, finanzas, legalidad, migración, narcotr��fico, salubridad y seguridad.

En años pasados, la coordinación de esos temas, que frecuentemente involucran a dos o más secretarías o instituciones de Estado, recaía de hecho en la Presidencia de la República, con el embajador en Washington como intermediario y un poderoso elemento por su acceso al Presidente.

El nuevo reglamento parece reconocer el escaso interés del actual mandatario en asuntos que lo obligan a enfrentar una realidad que no conoce y tal vez considera como distracción de sus propósitos centrales.

Pero eso tenía una razón de ser. De hecho, se consideraba que en un sistema presidencialista el jefe del Estado era el único con el poder suficiente para coordinar a todas las partes del gobierno.

De otra parte, sin embargo, la institucionalización de las relaciones bilaterales aporta la posibilidad de una estabilización más allá de las preferencias del gobernante en turno, aunque al mismo tiempo no parezca tener la fuerza que le daba su permanencia en la oficina del Ejecutivo.

En el actual gobierno se señala al Secretario de Relaciones Exteriores como una especie de comodín para resolver todo tipo de problemas, pero también con aspiraciones políticas que lo ponen en el centro de tormentas que tienen al menos la posibilidad de influir o ser influidas por su posición.

Otra parte del problema resulta la sorda, pero creciente irritación de los miembros del Servicio Exterior, que como ha ocurrido a lo largo de la historia de la SRE se sienten relegados por las reestructuraciones, pero también por la designación de embajadores y funcionarios políticos y partidistas.

El nuevo reglamento interno de la SRE incluye interesantes ajustes, como el reconocimiento de la creación de una serie de direcciones generales donde se puede decir que hay puntos acertados y otros no tanto, como la dedicada a África, Asia Central y Medio Oriente, o la región de Asia-Pacífico –con todo y que este gobierno no parece interesado en la Alianza de Pacífico–, o la división de Latinoamérica en Centroamérica y Caribe, Sudamérica, y Organismos Regionales.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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