PASIÓN POR CORRER

Historia de las villas olímpicas

La convivencia durante la competencia da lugar a múltiples anécdotas, por lo que sin duda vale la pena recordarlas y visualizar lo diferente que será ahora en época de pandemia

Rossana Ayala/ Pasión por correr/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Una parte del sueño de paz y fraternidad mundial, con la que el barón Pierre de Coubertin concibió e impulsó el movimiento olímpico internacional, se materializa cada cuatro años en las competencias deportivas, donde se busca siempre al “más rápido, más alto, más fuerte”; pero otra parte de ese ideal de convivencia y armonía internacional se vive en las villas y complejos de departamentos, donde los atletas de todos los países que asisten a los Juegos Olímpicos viven y conviven durante más de un mes.

Para un atleta de cualquier nacionalidad, sea hombre o mujer, compartir la vida dentro de una Villa Olímpica es casi tan importante como la misma competencia. Ahí dentro, en ese mosaico de culturas, idiomas y costumbres se vive de todo: aventuras, desventuras, sueños de gloria de color oro, plata y bronce; alegrías, lamentos, historias de amor, sexo, camaradería, pleitos, fiesta, hasta hurtos y actos vandálicos. Durante varias semanas, a todos esos deportistas de élite los une una vida dedicada al deporte; son los hombres y mujeres más rápidos, más altos y fuertes del mundo que comen y duermen en un mismo sitio, aunque hay algunas excepciones, los rockstars, los millonarios del deporte, quienes huyen de cámaras y reflectores y desaíran la Villa para buscar la intimidad de un hotel.

Del humilde complejo de cabañas de madera que se inauguró en París, en el año de 1924, durante los Juegos Olímpicos, al concepto de Villa Olímpica actual, hay un gran abismo, pero todos los complejos habitacionales tienen sus propias y únicas historias; algunas  marcadas por la tragedia, como la ocurrida en Múnich 1972, cuando ocho terroristas palestinos, pertenecientes al grupo Septiembre Negro, se colaron en la Villa, asesinaron a dos atletas israelíes y tomaron como rehenes a otros nueve, en uno de los episodios más trágicos y representativos del choque entre oriente y occidente. 

El grupo armado ingresó a la Villa haciéndose pasar por deportistas. Una vez dentro, exigían la liberación de 234 palestinos presos en Israel. Pese a las conversaciones, se llegó a un acuerdo para que los terroristas escaparan en dos helicópteros rumbo a un aeropuerto, donde un avión los esperaba para sacarlos del país. El plan falló y como consecuencia todos los atletas rehenes fueron ejecutados, junto con cinco de los terroristas, el piloto del helicóptero y un policía alemán.

Pero también está la historia de Berlín 1936, que fue la primera en implementar el modelo actual de edificios construidos y diseñados exclusivamente para los atletas, y que hoy se encuentra prácticamente abandonada; aunque eso sí, todavía en ese complejo se realizan visitas guiadas a la que fuera la habitación en donde dormía Jesse Owens, el primer atleta negro en conquistar la gloria olímpica, justo en el país que entonces gobernaba Adolf Hitler, cuyo partido e ideología, el Nazismo, proclamaba la “supremacía de la raza aria o blanca”. El dormitorio del hombre afroamericano que le arruinó a Hitler su sueño supremacista hoy es conservado como la atracción del lugar.

Hay muchas otras historias y anécdotas de los dormitorios olímpicos que forman parte ya de la historia del olimpismo. La mexicana Jimena Saldaña, una de las mujeres más importantes del movimiento olímpico internacional, y quien fuera durante décadas asesora y brazo derecho del Comité Olímpico Mexicano y de su titular, Mario Vázquez Raña, nos contó para esta columna la divertida historia del baño para caballeros con dos inodoros juntos, sin una mínima separación, que fueron puestos en las instalaciones de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi 2014; las quejas fueron inmediatas, ante la falta de privacidad que había en esos baños. O aquella anécdota del letrero que también apareció en los sanitarios de la Villa Olímpica, pero de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016; una imagen que incluso se volvió viral, porque  el letrero decía textual: “Prohibida la pesca en el inodoro”. El cartel mostraba otros dibujos indicando que tampoco estaba permitido “arrojar papel al retrete, ponerse de cuclillas sobre el mismo, vomitar u orinar como perrito”.

Nos contó Jimena que una práctica habitual, antes de la llegada de los atletas de todo el mundo a las Villas Olímpicas, es que “siempre se hace una prueba en los baños, en donde le jalan a todos los retretes al mismo tiempo para probar las cañerías”. Y sobre el lugar en donde los deportistas comparten el pan y la sal, Saldaña nos platicó: “El comedor tiene una vida increíble, en donde todos se reúnen. Los primeros días siempre los países en grupo, y los últimos ya las mezclas, la convivencia en pleno”, en donde es posible escuchar al mismo tiempo todo tipo de idiomas.

Pero los dormitorios olímpicos también son escenario de fiestas, reuniones y, a veces, incluso de excesos. Aunque hay un seguro que pagan los comités por los daños ocasionados, “algunos atletas y miembros de las comitivas se llevan cosas como lavamanos, llaves y hasta aires acondicionados”, cuenta la integrante del COM.

Sin embargo, estos Juegos Olímpicos de Tokio 2020 serán distintos en todo. Con la llegada de la pandemia del COVID-19, la vida de los atletas dentro de la Villa será muy distinta. Ahora, lo que solía ser su hogar en lo que dura la justa olímpica, se convertirá en su “burbuja” de aislamiento. Allí serán sometidos varias veces a pruebas del virus. Los campos e instalaciones de entrenamiento serán parte de este entorno, lo mismo que los estadios. No tendrán contacto con la prensa ni con los aficionados, y todas las entrevistas serán virtuales.

Los atletas y directivos de todos los países se deberán someter a pruebas de COVID-19 72 horas antes de viajar, las cuales deben dar negativo. Serán sometidos a nuevas pruebas a su llegada a Japón y, de dar negativo, se les trasladará a la Villa Olímpica en un vehículo desinfectado. Se pedirá a los deportistas que lleguen cinco días antes de su debut en la justa y se vayan dos días después de completar su participación. No podrán hacer turismo y tendrán contactos sociales mínimos en la Villa.

Así que por esta vez, la Villa Olímpica de Tokio no será quizá el hogar multicultural y multilingüístico que suele ser. No habrá fiestas, reuniones y tal vez, sólo tal vez, no habrá nuevos amores y relaciones, porque las estrictas medidas de sanidad y seguridad, todas de carácter obligatorio y con una vigilancia permanente, evitarán el mínimo contacto entre los atletas de distintos países. Pero quién sabe, tanta energía, tanta fuerza, tanta belleza que suele concentrarse en esos dormitorios quizás termine por vencer hasta las más duras restricciones. Y en una de esas tenemos amores olímpicos en tiempos de la pandemia.

POR ROSSANA AYALA
AYALA.ROSS@GMAIL.COM
@AYALAROSS1

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