VENTANA POLÍTICA

Nueva realidad

Hemos pasado las elecciones de medio término y están más o menos claras las ganancias y pérdidas en términos de conformación de la Cámara de Diputados

OPINIÓN

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Verónica Ortiz / Ventana Política / Opinión El Heraldo de México

Hemos pasado las elecciones de medio término y están más o menos claras las ganancias y pérdidas en términos de conformación de la Cámara de Diputados, legislaturas locales, gubernaturas, municipios y alcaldías. Algunos apuntes sobre lo sucedido y, sobre todo, lo que vendrá ahora.

La impecable labor del INE y la afluencia de participación constataron la confianza de la ciudadanía en los comicios y en el árbitro electoral. Sería de esperar que con este aval quede desterrada la idea de desaparecer al INE o de remover anticipadamente a sus consejeros, pero nada garantiza que así suceda.

Otro saldo positivo de la elección es que disipa el fantasma del retroceso autoritario con la nueva distribución de fuerzas en la Cámara de Diputados. La anunciada estrategia del presidente de salir a buscar votos de la oposición es la tácita confirmación de una posición debilitada. La estrepitosa derrota en la Ciudad de México contribuye a esa percepción de vulnerabilidad. No obstante el éxito apabullante de Morena a nivel estatal, la capital del país es una caja de resonancia y, sobre todo, representaba el enclave más sólido del presidente y su movimiento. Parafraseando a Liébano Saenz, Morena se vio derrotable y a partir de aquí puede empezar a perder.

Pero esta buena noticia en términos de saludable contrapeso democrático, no es percibida de igual manera por un presidente obsesionado con la concentración de poder y la conducción unipersonal de gobierno. Es decir que ante este escenario queda en el aire la preocupación sobre lo que hará el presidente, si comienza la segunda parte de su mandato con menor margen de maniobra.

Quizá el INE se salve por ahora, o se apueste por la sustitución de Lorenzo Córdova y Ciro Murayama cuando terminen sus respectivos periodos. Quizá la idea de una nueva Constitución se diluya por la pérdida de control del Congreso. Pero la implacable erosión institucional llevada a cabo en la primera mitad de la administración sigue latente y podría enfocar baterías hacia otros objetivos como el INAI, Cofece, IFETEL o el propio Banco central.

En todo caso,  parece poco probable que el presidente acepte un papel de menor relevancia, de conducción moderada o de negociaciones legislativas. De entrada, la preocupación por la aprobación del presupuesto quedó librada con la mayoría absoluta (no simple) que consiguió la coalición gobernante. Para todo lo demás, el Ejecutivo estaría buscando con insistencia los votos adicionales del PRI, que podría obtener por las buenas o malas.

Ante la nueva realidad postelectoral y la caída quizá irremontable de sus alfiles Sheinbaum y Ebrard, la preocupación del presidente será el legado y su lugar en la historia. Para una personalidad exacerbada, que no admite fallas o autocrítica, y que busca ser reconocido como héroe patrio, tres años de menor protagonismo no parecen ser una opción viable.

POR VERÓNICA ORTIZ
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