¿Humillados pero contentos?

Es una línea que piensa repetir en el 2024 para decir que sólo él mismo, y nadie más, puede transformar a México desde la presidencia

¿Humillados pero contentos?
Fernando Herrera / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Al más puro estilo huisachero –un mexicanismo que denota la práctica del engaño, la distracción o la trampa en contra del interés legítimo de una persona-, el gobierno decidió publicar en el Diario Oficial de la Federación el decreto que extiende el periodo del presidente del Poder Judicial justo un día después de las elecciones. La decisión es una burla del presidente a los ciudadanos que optaron por frenar la destrucción del país y le quitaron la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.

El decreto de la Ley Orgánica del Poder Judicial incluye la extensión de la presidencia del ministro Arturo Zaldívar de 4 a 6 años y la de los miembros del Consejo de la Judicatura Federal de 5 a 7. La medida es a todas luces inconstitucional pues el artículo 97 establece que el periodo del presidente de la Corte es improrrogables y el 100 fija en 5 años el periodo de los integrantes del CJF. El argumento del presidente es que sólo Zaldívar y sólo él puede aplicar las reformas. Es una línea que piensa repetir en el 2024 para decir que sólo él mismo, y nadie más, puede transformar a México desde la presidencia.

Como perdió el Poder Legislativo al perder la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, ahora el presidente quiere el control absoluto del Poder Judicial. Incapaz de aceptar un error y de reconocer las opiniones ajenas, reanuda su proyecto de extender su mandato. No hay que darle vueltas: la extensión de mandato del presidente de la SCJN es un ensayo para extender el periodo del Jefe del Ejecutivo.

Para lograr su propósito, el presidente quiere humillar a los ministros de la SCJN obligándolos a decir que no hay nadie más que Zaldívar para aplicar las reformas. Un hombre providencial como se considera a sí mismo el propio presidente. La oposición, desde luego, interpondrá una acción de inconstitucionalidad, que se sumará al más de medio centenar que duermen en la panza de la propia SCJN.

Aceptar la humillación y declarar constitucional el decreto diseñado para favorecer a una sola persona convertirá a los ministros de la SCJN en verdaderos floreros, igualándolos en rango y servidumbre a los secretarios de Estado que integran el gabinete. No tienen necesidad, pero en una de esas nos resultan humillados pero contentos.

No nos engañemos. El presidente no tiene palabra. Dice una cosa pero hace otra. Dice que no quiere mantenerse en el poder, pero hace todo para quedarse. Quiere el control del Poder Judicial para remover a los jueces que concedan amparos contra sus caprichos anticonstitucionales, para obligarlo a declarar constitucionales todas las reformas que aprobó el Congreso cuando tenía mayoría calificada y, sobre todo, para ensayar su propia extensión de mandato mediante un decreto que no requiere reforma a la Constitución y que puede lograr con mayoría simple.

Al día siguiente de las elecciones, el gobierno nos asestó un golpe anunciado, con premeditación, alevosía y ventaja.

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POR FERNANDO HERRERA ÁVILA
VOCERO DEL PAN
@FHERRERAAVILA

 

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