Autoritarismo, nunca más

“El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar…” Eduardo Galeano

Autoritarismo, nunca más
Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

La pandemia provocada por la Covid-19 ha sido un punto de inflexión en todo el mundo en muchas de las vertientes de la vida, comenzando por la salud (y sus sistemas nacionales), pasando por la economía, educación y llegando a la concepción de la política. Durante este tiempo pandémico se ha colocado bajo la lupa muchos problemas que, si bien ya existían antes del virus, se profundizan con mayor intensidad y rapidez, tales como la violencia dentro de los hogares y, en su mayoría, en contra de las mujeres, la desigualdad económica, la falta de oportunidades para las y los jóvenes, la precariedad laboral y la nula movilidad social.

Como habitualmente pasa, las crisis afectan a las personas que tienen menos recursos y a las sociedades y países menos desarrolladas o en vías de desarrollo como se suele decir. Un ejemplo claro de esto es la región latinoamericana, una de las más afectadas por las consecuencias del SARS-CoV-2, con mayor número de contagios y fallecimientos, así como con una crisis económica que ya se deja sentir en todo el subcontinente americano. En la actualidad podemos ver que la respuesta de los gobiernos latinoamericanos no han sabido responder efectivamente ante la dura realidad en la que nos encontramos.

En este sentido, desde el 2019 ya existían brotes de descontento en varios países de América Latina, como Ecuador, Bolivia, Brasil, Nicaragua, Chile, Perú y Colombia, mismos que el confinamiento por el coronavirus los puso en pausa, pero aún siguen latentes. Así como pasó en ese año en Ecuador, donde las manifestaciones estallaron por el alza al precio del transporte público, hace unos días en Colombia, la irrupción a las calles fue provocada por una reforma tributaria que significaba subir el IVA en 4 %, desatando la inconformidad de la sociedad.

Así, desde el 28 de abril las y los colombianos, sobre todo en Bogotá, Medellín y Cali, de todos los sectores del país salieron a las calles a manifestarse en contra de un gobierno insensible a las necesidades económicas de la sociedad. Es verdad que la reforma fungió como chispa del enojo social, pero el fuego y combustible lo ha proporcionado el presidente Iván Duque con su falta de empatía con la ciudadanía, su reacción ineficiente ante la crisis económica, la brutalidad policial que no supo contener y demás traspiés de todo su gobierno. Hoy Duque se encuentra en los peores días de su gestión, pues no supo contener (y entender) las manifestaciones, determinó mandar al ejército a las calles, al Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) y a la policía a “hacerle frente a la sociedad colombiana”.

Aquella decisión autoritaria no podía terminar de buena manera. El mismo día de la tragedia ocurrida en la Ciudad de México, el mundo se conmocionó al ver las imágenes de lo sucedido en Colombia, 25 manifestantes muertos por las balas del Estado, casi un millar de heridos y una centena de desapariciones. La reforma tributaria fue retirada y el ministro de Hacienda dimitió, pero el pueblo colombiano está de luto y su herida jamás se podrá cerrar. Los gobernantes deben entender, de una vez por todas y para siempre, que tienen la responsabilidad de servir a la nación y no servirse de ella. Hoy no se trata de “izquierdas o derechas”, corresponde defender a la democracia y a la sociedad; la región -incluído nuestro país- no puede soportar a gobiernos autoritarios y represores nunca más.

POR ADRIANA SARUR
ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM
@ASARUR

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