COLUMNA INVITADA

Datos que alientan

Las economías latinoamericanas podrían beneficiarse de este panorama

Luis David Fernández Araya/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Una de las causas que debemos evitar son los detonantes de desesperación, estos deben ser una buena decisión, la adoptada a fines de 1979 por la FED de elevar drásticamente los tipos de interés para frenar la aceleración inflacionaria en los EE.UU, derivadas del segundo shock del petróleo, no fue la más acertada, aprendamos de la historia.

Debido a que gran parte de la deuda latinoamericana se había contraído a tipos de interés flotante, ese aumento del interés conocido como el efecto Volcker (entonces) presidente de la FED) tuvo una repercusión directa sobre el servicio de la deuda. La tasa Prime Rate americana y la tasa de oferta interbancaria de Londres (LIBOR), que oscilaban entre el 5 por ciento y un poco más del 10 por ciento, empezaron a subir, llegando a alcanzar el pico en 1980 de 20.1 por ciento y 18 por ciento, respectivamente. Como la Prime era el tipo de referencia de los emprestamos internacionales, la Libor siguió la misma tendencia.

Las tasas de interés del mercado financiero internacional (media anual). En un análisis no muy profundo mi conclusión es que los tipos reales de interés de los Estados Unidos de América que habían sido muy bajas hasta la década de 1960 y se tornaron negativas a mediados de la de 1970, aumentaron bruscamente a fines de esta última década y permanecerían altas hasta fines del siglo.

Este patrón fue aún más acusado en el caso de los tipos relevantes para América Latina, por lo que el tipo de interés real efectivo para el endeudamiento externo de la región osciló entre una cifra el 1por ciento y el 2 por ciento entre 1975 y 1980 (si se estima como un punto porcentual por encima del tipo LIBOR media de tres meses y sobre la base de la tasa de inflación corriente de los EE.UU).

Por el contrario, cuando se volvía al mercado de capitales en los años noventa y el tipo de referencia pasó a ser la de los bonos del Tesoro de los EE.UU a diez años, la tasa de interés real tendió a oscilar por encima del 10 por ciento, cuando se agregaron los márgenes de riesgo (spreads) correspondientes.

Así, la región solo comenzó a beneficiarse de tipos de interés similares a las de1975-1980 durante el auge financiero internacional de 2005- 2008. Con consecuencias de la subida de las tipos de interés en los EE.UU la inflación cayó en el país, sin embargo se desató una recesión internacional, ya que otros países se vieron obligados a aumentar sus tipos de intereses para impedir una fuga de capitales. A la recesión en los países desarrollados, se agregó una caída pronunciada de los precios reales de las materias primas (representando para los países exportadores de productos básicos un deterioro en los términos de intercambio).

La carga real del servicio de la deuda se vio incrementada por la caída de los precios de los productos de exportación de los países deudores y, consecuentemente, por el deterioro de los términos de intercambio —estrechamente unidos a dichos países—, ya que los precios de los productos industriales no descendieron en la misma proporción, sino que incluso aumentaron. La situación se tornó crítica de manera simultánea con el incremento acelerado de la demanda de préstamos para refinanciar el servicio creciente de la deuda externa; la alarma de los bancos crecía debido a su exposición crediticia en la región.

En 1981, el sistema, presionado por la gran exposición crediticia y por a acelerada demanda de refinanciamiento de los deudores, comenzó a apretar. Así, cada banco acortó sus plazos de amortización y elevó sus recargos, una política que agravó la demanda de
refinanciación de los deudores. Los coeficientes de endeudamiento externo, que venían aumentado a un ritmo pausado durante la década de 1970 y a principios de los 80, empezaron a acelerarse.

La deuda llegó en 1986 a representar casi cuatro veces las exportaciones y en 1987 el 53 por ciento del PIB de la región. Al estallar la crisis en 1982 los bancos estaban muy sobre expuestos en la región. Frente a la crisis y la gran sobreexposición, el flujo neto anual de créditos disminuyó notablemente durante todo el año. A esto se agregó el inestable acceso a los recursos financieros, repercutiendo no solo en un menor volumen global y un tipo de interés real muy alto, sino también en la gran incertidumbre respecto a la cantidad disponible para cada país.

Todos estos factores culminaron en un proceso de pánico en el mercado crediticio, provocándole un racionamiento de nuevos préstamos, o lo que es lo mismo, incluso los deudores dispuestos a pagar una tasa de interés más alta no lograban obtenerlos. Al suspenderse los nuevos préstamos se rompió el proceso de renovación crediticia y con ello aumentó más la carga efectiva del servicio de la deuda, hay salidas, debemos visualizarlas.

POR LUIS DAVID FERNÁNDEZ A.

@DrLuisDavidFer