COLUMNA INVITADA

El maestro para la vida en el derecho

Se tuvieron que adecuar en la instancia académica, partiendo de medios y métodos de enseñanza, igual que para evaluar

Enrique Quiroz Acosta/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México/Foto: Especial
Escrito en OPINIÓN el

Todo se transforma. Cada época y sociedad tiene sus propias condiciones y circunstancias. En el mundo de la ley y la justicia ningún concepto ni instrumento podría ser pétreo; la historia lo confirma.

Desde luego que los principios orales y los “clásicos” marcan rumbos duraderos, pero aun en diversos de estos casos se requiere adecuaciones e interpretaciones progresivas que resuelvan problemáticas y modalidades.

La realidad demanda un elevado sentido práctico de ubicuidad de los legisladores, juzgadores y postulantes. Al respecto y en razón de la celebración del día del maestro, es oportuno también referirse a las maestras y los maestros de la ciencia jurídica.

Se ha insistido en la contundencia y velocidad de los cambios en todo aquello que implica la ciencia, la tecnología y la convivencia social, cuanto más cuando el mundo enfrenta una pandemia de severas consecuencias en todo el orden y en muy diversos aspectos.

Quienes actúan en la enseñanza del derecho en estos tiempos tuvieron que adecuar la vida académica partiendo de los medios y métodos de enseñanza, así como los propios sistemas de evaluación.

Ya nada será igual y debemos tener conciencia, planeación y acción para enseñar el derecho en las nuevas realidades y bajo las circunstancias venideras.

El propio contenido del orden jurídico se modificó y continuará cambiando; los académicos no solamente deberán prepararse para los métodos venideros más adecuados, sino también para los mencionados contenidos, los cuales obedecerán a la nueva realidad.

Festejemos y reconozcamos a los maestros y en el gremio jurídico, particularmente, a los profesores del derecho; impulsemos las formas de enfrentar los nuevos retos de la enseñanza para resolver la problemática de nuestras realidades.

Debo “rematar” recordando que, en el antiguo edificio de las calles de San Ildefonso, sede hace varias décadas de la Escuela Nacional Preparatoria, aparecía una adscripción en el patio central que decía algo así: “… no puede morir quien nos enseñó a vivir”.

Felicidades a los maestros de las ciencias jurídicas y a todos aquellos que en la vida cotidiana contribuyen a la enseñanza del Derecho y comprometámonos a seguir aportando en la ley y la justicia a la sociedad.

POR ENRIQUE QUIROZ ACOSTA 
ABOGADO Y COLABORADOR 

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