COLUMNA INVITADA

Dictaduras democráticas

La flexibilización de los limites a la reelección presidencial refuerza la tendencia hacia el presidencialismo

Lila Abed/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

La reelección y la extensión de mandato no es un fenómeno nuevo en América Latina. La ola de mandatarios de izquierda en la región ha intentado, y en muchos casos prosperado, en eliminar límites constitucionales bajo el pretexto que necesiten más tiempo para instaurar un verdadero cambio en sus distintos países. Utilizan mayorías legislativas para manipular y reformar las constituciones para extender su estancia en el Ejecutivo. 

En Venezuela, Hugo Chávez enmendó la Constitución de 1999 para permitir la reelección inmediata de cualquier cargo de elección popular de manera continua o indefinida. El expresidente de Bolivia, Evo Morales, es el mandatario que más tiempo ha gobernado en toda la historia del país, incluso superando a los caudillos o militares que llegaron al poder en los siglos XIX y XX. En 2016, un fallo del Tribunal Constitucional permitió que el presidente de Bolivia pueda postularse en elecciones presidenciales las veces que quiera.

El gobierno argentino en 2006 intentó aprobar una reforma a la Constitución Nacional para permitir extender el mandato presidencial de cuatro a seis años. El presidente en ese entonces era Néstor Kirchner y el autor detrás de la reforma fue su jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el actual presidente de Argentina. En el 2015, la entonces presidenta Cristina Kirchner intentó aspirar a un tercer mandato consecutivo, algo no permitido por la Constitución, pero no lo logró.

En 2015, el expresidente Rafael Correa en Ecuador presentó a la Asamblea Nacional un proyecto de enmienda constitucional para que los dignatarios pudieran postularse de manera indefinida y consecutiva. El presidente Daniel Ortega asumió su tercer mandato en 2012 y el Congreso de Nicaragua aprobó una reforma parcial de la Constitución que elimina los límites a la reelección.

Ya van varias veces que el presidente Andrés Manuel López Obrador pone sobre la mesa el tema de su posible reelección. Advirtió que no buscará la reelección ni la ampliación a su mandato, aunque aseguró que no firmará un documento que lo comprometa a ello, que tendremos que confiar en su palabra. Ojalá solo fuera una cuestión de retorica, lo preocupante son las acciones inconstitucionales emprendidas por Palacio Nacional y el Congreso mexicano, como la “Ley Zaldívar” que extiende por dos años el mandato del presidente de la Corte Suprema. Esto acompañado de medidas antidemocráticas que buscan eliminar a los órganos autónomos, amenazan contra las instituciones electorales, debilitan la independencia judicial y fortalecen a las Fuerzas Armadas. 

No deja de ser interesante el aprecio que AMLO ha demostrado por varios de los mandatarios de izquierda previamente mencionados. Le dio asilo político a Evo Morales, ha recibido dos veces al presidente de Argentina y mostró neutralidad ante la crisis en Venezuela. Si grazna como un pato, camina como un pato y se comporta como un pato, entonces, seguramente es un pato. 

Ahora, la reelección o la extensión de mandato no es la única opción. AMLO puede cumplir con su palabra y a la vez asegurar la continuación de su Cuarta Transformación posicionado a su correligionaria, Claudia Sheinbaum, como su sucesora. Así lo hizo Lula Da Silva con Dilma Rousseff en Brasil, al igual que Evo Morales con Luis Arce, por solo mencionar unos ejemplos.

La flexibilización de los límites a la reelección presidencial en América Latina refuerza la tendencia hacia el liderazgo personalista y hegemónico inherente al presidencialismo y al caudillismo. La concentración del poder en el Ejecutivo atenta contra los pilares fundamentales que sostienen a cualquier democracia: la separación de poderes, las instituciones, la alternancia entre mandatarios, una sólida cultura cívica y la celebración de elecciones libres y justas. 

Pone el relieve la grave crisis por la que atraviesan los partidos y sistemas políticos y la intensa polarización que existe en la región. La inhabilidad de resolver los problemas inherentes a la sociedad latinoamericana como la desigualdad, la pobreza, la economía, la salud, agraviada por la pandemia de Covid-19, le abre la puerta a líderes populistas con características autocráticas, dispuestos a cambiar las reglas constitucionales para mantenerse en el poder. Son una especie de mesías con el coraje de cruzados, no les importa el sacrificio que implique su tal “revolución” o “transformación”, siempre y cuando sean ellos o alguno de sus discípulos que abanderen el proyecto. Lo que esta en riesgo son los sistemas democráticos que tanto le costaron a la región construir. 

POR LILA ABED
POLITÓLOGA E INTERNACIONALISTA
@LILAABED

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