Una extraña nota diplomática

El control político de América Latina por parte de los Estados Unidos, durante largo tiempo estuvo marcado por intervenciones militares y golpes de Estado

Una extraña nota diplomática
Alfredo Ríos Camarena / Columna Invitada / Opinión: El Heraldo de México

El control político de América Latina por parte de los Estados Unidos, durante largo tiempo estuvo marcado por intervenciones militares y golpes de Estado; entre los casos más significativos podemos mencionar el asesinato de Francisco I. Madero por Victoriano Huerta, la sustitución de Juan Jacobo Árbenz en Guatemala y, desde luego, el homicidio de Salvador Allende, ocasionado por el golpe militar de Augusto Pinochet. Así se cubrió de charreteras y bayonetas todo el mapa latinoamericano: Fulgencio Batista en Cuba, Alfredo Stroessner en Paraguay,

Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, Anastasio Somoza en Nicaragua y, desde luego, el paradigmático Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana. La dominación de los Estados Unidos cambió de método con el acceso al poder en Chile de Augusto Pinochet, quién se convirtió en el eslabón perdido entre la dominación militar y la política neoliberal.

El nuevo estilo de control se estableció con base en el libre comercio y la economía; surgió una nueva generación de presidentes latinoamericanos como Carlos Saúl Menem en Argentina, Alberto Fujimori en Perú o Carlos Salinas de Gortari en México; al parecer el golpe de Estado, como técnica estratégica de política, había sido sustituido.

En México el Tratado de Libre Comercio nos permitió creer que existía una sólida relación de intereses comunes y que la buena vecindad y el beneficio comercial, serian para siempre. No obstante, lo anterior, en los últimos meses aparecen signos negativos en el horizonte, las declaraciones de un alto militar del Pentágono y, mas tarde, de un exembajador de Estados Unidos en México, implican que el Estado mexicano ha perdido control territorial en prácticamente el 30 por ciento de su geografía, por la creciente criminalidad de los cárteles, que ha azotado de manera terrible a la nación, cubriéndola de sangre.

El pasado jueves 6 de mayo el presidente López Obrador instruyó al Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, para que presentara una nota a la Embajada de Estados Unidos, para protestar por el financiamiento de Organizaciones No Gubernamentales como “México Contra la Corrupción y la Impunidad”; se refería a que el USAID (Agencia para el Desarrollo Internacional) –organización del Estado Norteamericano cuyo objeto ha sido administrar fondos destinados a dar asistencia financiera, técnica y humanitaria a más de 70 países— ha proporcionado recursos a la organización que encabeza Claudio X. González, por más de 25 millones de pesos, durante los últimos dos años.

Empero, esta Agencia ha financiado también operaciones encubiertas con el propósito de influir en contra de gobiernos no gratos al Imperio, esto ha sucedido en Cuba, en Uruguay, en Chile, en Venezuela, en Haití y en Bolivia. Lo que debe preocuparnos, pues, la intervención extranjera en temas internos ha constituido un instrumento histórico, que no sólo vulnera la Soberanía nacional, sino cambia el destino social y político. No sabemos qué hay de cierto en estas afirmaciones, que se han venido ventilando ante la opinión pública.

¿Se trata de una actitud paranoica del Estado Mexicano? O, ¿estamos frente a un fenómeno de graves implicaciones y del que poco se ha informado?

La toma del poder por parte del ejército, hoy por hoy no son posibles en nuestro país, porque las fuerzas armadas han sido –en esta administración— favorecidas por un trato presidencial, que les ha impulsado a realizar amplias tareas administrativas, no propias de su objetivo central. No hay duda de la lealtad de esas instituciones.

En cualquier forma, una democracia mejor acabada con mayor claridad y trasparencia es el único camino, hoy por hoy, para definir el destino nacional.

POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNAM

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