La energía de las palabras. Primer acercamiento.

El lenguaje es una de las herramientas imprescindibles del ser humano

La energía de las palabras. Primer acercamiento.
Julén Ladrón de Guevara/ Arte y contexto / Opinión El Heraldo de México

Detrás de una manera de hablar, hay toda una estructura mental- me decía mi padre desde pequeña, por lo general con un libro gordo en la mano. A él le gustaban las palabras y me enseñó, sobre todo, cómo no usarlas. Aprendí a escribir con algunas frases intimidantes como “El adjetivo que no enriquece, automáticamente empobrece”, y desde que entendí lo que significaba eso, escribo siempre muy nerviosa. 

Mi fascinación por el lenguaje comenzó con la palabra hablada. Gracias a las conversaciones de sobremesa los domingos en mi casa, aprendí que son bonitas, sobre todo cuando salen de la boca de personas que las vuelven sus aliadas. Recuerdo en especial a Don Aníbal Quijada, mi conversador favorito, que sobrevivió de milagro a Pinochet y que platicaba sobre cosas increíbles haciendo un uso magistral del adjetivo, endulzándolo con su sonrisa y ademanes estridentes.

Podía contar cosas terribles y hablar de la muerte que a él y a mi papá los rondaba para entonces, pero sus malabares lingüísticos provocaban una atmósfera embelesante y nada sonaba doloroso o cruel. Aníbal era chileno y mi padre mitad español, así que el vino tinto, los quesos fuertes y los jamones nunca faltaron en esas conversaciones.

La luz cenital complementaba la estética de esas tardes infinitas, que eran una especie de remanso antes de entrar de lleno a la semana. Total, que las palabras entraron en mi sistema empujadas por el vino y la visión de aquella mesa, que al final del día parecía el boceto de un bodegón contemporáneo. 

Después descubrí a Lorca y el mundo me cambió. La manera de colocar las palabras, de transformar sus significados y de someter tus pensamientos a sus sentimientos me hizo alucinar. Ahí fue donde tomé distancia y supe que la poesía es una cosa delicada y poderosa, pero ¿cómo podía ser, si nada más se trataba de palabras comunes pero acomodadas de distintas formas?

Para mí, fue la primera partitura con la que me confronté con respeto intelectual, y comprendí que la distancia entre un genio y alguien que no lo es, radica en el poder que de su espíritu informado emana. Esa energía que construye ideas inquietantes, que se impulsa con las letras domesticadas por cerebros lúcidos y ágiles, es el motor de tantas cosas importantes que no las podemos desdeñar. 

Por eso no entiendo la necesidad de los políticos de vulgarizar las palabras, de construir estructuras endebles y espantosas o de gastar dinero en comerciales vergonzosos en vez de construir edificios ejemplares, de comprar un poco más flores o de pagar cursos de etiqueta y protocolo urbano para los choferes del transporte público, entre otras cosas más urgentes.

Cuando amas la belleza la amas por completo, no en partes ni de forma selectiva. Visto así el panorama en comparación con la estética del discurso de los políticos actuales, no tenemos más que basura. Por eso utilizan tantos eufemismos, que son palabras menos ofensivas que sustituyen a las que son consideradas ofensivas, fuertes o de mal gusto. Todo aquí es feo y peligroso, como las palabras que utilizan para tratar de atenuar las desgracias y el dolor provocados por las porquerías que consumen. 

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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