COLUMNA INVITADA

Migración segura, regular y ordenada

Biden no puede dejar desatendido este tema, cuya explosividad podría hacer que los demócratas pierdan la mayoría en la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre de 2022

OPINIÓN

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Miguel Ruíz-Cabañas Izquierdo / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

En diciembre de 2018 el gobierno de López Obrador empezó su gestión con una buena idea: tratar de poner orden a las migraciones inseguras, irregulares y ordenadas procedentes de El Salvador, Guatemala y Honduras. No se trataba de poner un muro a esas migraciones, el muro de Trump, sino de aplicar políticas económicas y sociales para ir a la raíz de las causas de la migración forzada: la pobreza extrema, la violencia, la exclusión sistemática de los beneficios del desarrollo. López Obrador propuso a los presidentes de los tres países trabajar conjuntamente para el desarrollo integral de la región. Atendiendo su solicitud, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) preparó un plan de largo plazo para el desarrollo sostenible para la región. La esperanza era que Trump invirtiera recursos para ese plan. Todos sabemos que no ocurrió. Trump exigió a López Obrador detener la migración con la Guardia Nacional en las dos fronteras, con la amenaza de imponer aranceles a todas las exportaciones mexicanas en caso de no hacerlo. López Obrador cedió. Se salvó el acuerdo comercial con Estados Unidos, pero la aspiración de lograr un acuerdo regional para que las migraciones entre los países del norte de Centroamérica, México y Estados Unidos sean seguras, regulares y ordenadas, se hizo pedazos. Así siguieron las cosas hasta que Trump se fue de la presidencia de su país.

Biden llegó con la idea de cambiar por completo las políticas migratorias restrictivas de Trump, para hacerlas más respetuosas de los derechos humanos. Pero su sola llegada levantó grandes expectativas de que Estados Unidos levantaría las restricciones a la migración irregular.  En marzo pasado las detenciones de migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos alcanzaron 170 mil, 70% más que en febrero, incluyendo 18 700 menores. Esas cifras hicieron sonar las señales de alarma en los medios estadounidenses y en el gobierno de Biden. Hoy, el 68% de los estadounidenses no aprueba la forma en que su presidente está enfrentando el tema de la migración procedente de Centroamérica. Es el único tema en que sus conciudadanos lo reprueban. El reto es tan sensible que Biden encargó a su Vicepresidenta, Kamala Harris, de coordinar un plan amplio para hacerle frente. 

Para controlar el enorme reto, por lo menos en el corto y mediano plazo, Biden necesita que López Obrador mantenga a la Guardia Nacional evitando el cruce de migrantes de Centroamérica hacia Estados Unidos. Por eso la Vicepresidenta Kamala Harris se mostró deseosa de asegurar esa cooperación del presidente mexicano en su reunión virtual del pasado 7 de mayo. López Obrador anunció que deseaba cooperar, pero no reiteró, al menos públicamente, su propuesta de que la Administración Biden invierta recursos para extender su programa “Sembrando Vida” a los tres países centroamericanos. Harris visitará México en próximo 8 de junio, después de las elecciones en México. Ese será el momento de tratar de poner las bases de un acuerdo de mediano y largo plazo. 

Biden no puede dejar desatendido este tema, cuya explosividad podría hacer que los demócratas pierdan la mayoría en la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre de 2022. Lo que necesita es ganar tiempo, evitando movimientos masivos de migrantes en la región, exigiendo ser admitidos en Estados Unidos ya sea como migrantes o refugiados. México tampoco se puede dar el lujo de abrir sus fronteras de par en par y asumir todo el peso del problema. Aunque tuviera las capacidades para absorber más migrantes dentro de su territorio, no puede resolver su situación porque la inmensa mayoría no desean quedarse en México, sino llegar a Estados Unidos. Ambos países se necesitan.

La única forma de enfrentar este reto económico, social y humanitario, es adoptar una perspectiva integral y de mediano y largo plazo. Ningún país de la región puede hacer frente al problema por sí solo. Se requiere un acuerdo subregional, basado en la cooperación entre los gobiernos y todos los sectores sociales de El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Estados Unidos. Todos son corresponsables. Un acuerdo subregional de esa naturaleza solamente puede basarse en el Pacto Mundial de Migración aprobado por las Naciones Unidas en diciembre de 2018, del que México fue uno de los principales promotores, que propicie una migración segura, regular y ordenada en la región, en que los derechos humanos de los migrantes sean plenamente respetados.

Un Acuerdo Subregional de Migración para Mesoamérica y Estados Unidos debe centrarse en la atención de las causas de la migración, que son la violencia, la sistemática exclusión económica y social y las violaciones de derechos humanos, agravadas por los traficantes de personas y las sequías y desastres naturales causados por el cambio climático. Las migraciones forzadas se van a incrementar en los próximos meses si no se atienden las raíces del problema, desbordando las capacidades de todos los gobiernos de la región. México podría quedar en la situación menos deseable al enfrentar presiones migratorias forzadas desde el sur, y cerrazón fronteriza en el norte. 

Lo que se requiere son grandes inversiones centradas en la creación de empleos y medios de vida en las regiones de donde proceden los migrantes. No es necesario reinventar esos planes de desarrollo que ya fueron diseñados por la CEPAL, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Los gobiernos podrían recurrir también a la experiencia acumulada por otros organismos internacionales y regionales, en particular el Banco Interamericano de Desarrollo, y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Pero tienen que acelerar el paso. Las medidas de contención que López Obrador ha dado muestras de estar dispuesto a extender, no pueden extenderse al infinito, al menos no sin pagar un alto costo en materia de derechos humanos.

POR MIGUEL RUÍZ CABAÑAS IZQUIERDO

DIRECTOR DE LA INICIATIVA DE OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE (ODS) EN EL TEC DE MONTERREY

@MIGUELRCABANAS

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