Vacunar, ¿hacerse ganso o arreglarlo?

En México quedó al descubierto un caso más de vacunas que son administradas sin la dosis

Vacunar, ¿hacerse ganso o arreglarlo?
Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

Chile, con 19 millones de habitantes, ya vacunó a 5 millones con al menos una primera dosis. Pese a su exitosa campaña, en términos absolutos para el tamaño de su población, los contagios han explotado en aquel país. Ante esto, caben las preguntas: ¿Qué hacer? ¿No están sirviendo las vacunas? ¿Los habitantes se han confiado de más? ¿Ante las nuevas cepas, las vacunas no están protegiendo del todo? ¿La inmunidad de rebaño no existe para este virus? O, como ya se evidenció en nuestra nación, ¿será que allá no están inyectando la dosis a pesar de que dicen sí hacerlo?

En México quedó al descubierto un caso más —ya van varios— de piquetes administrados sin la vacuna. Este fin de semana uno en la CDMX y algo parecido ocurrió una semana antes en el Estado de México y en Sonora

Me parece que, independientemente de dilucidar si se trató de un error o un esquema para alimentar un mercado negro de vacunas —el montaje queda descartado y tanto el gobierno de la Ciudad de México como el IMSS se disculparon y dieron a conocer en un comunicado público que le retiraron la cédula de vacunación a la enfermera involucrada en el hecho—, se debe diseñar un esquema que GARANTICE que casos así no vuelvan a ocurrir. Esto es, estamos frente a un reto de implementación de los procesos de una acción de gobierno, específicamente de una campaña de vacunación entendida esta como política pública. 

La opción socorrida desde la palestra matinal, la de contra-denunciar que el hecho (repito, son varios, pero en fin) fue magnificado por los medios, no resuelve el problema. Obviamente tampoco negar lo ocurrido o sugerir que se trató de un acto con el objeto de difamar al gobierno.

Lo que resulta fundamental entra de nuevo en el terreno de la gestión de la administración pública y es actuar de forma expedita e inteligente para que esto no vuelva a suceder. Lo cual incluye establecer —y dar a conocer a la ciudadanía— los protocolos precisos y detallados que se deben seguir para la inoculación, y con ello descartar errores y hacer imposible actos de mala fe o corrupción, como es la posibilidad de que los “remanentes” del día puedan llegar a manos de quienes los vendan en el mercado negro. En todo caso, el gobierno federal debe tomar cartas en el asunto.

El que la administración no sea parte de un posible intríngulis que atente contra la salud y la confianza de quienes asisten a ser inoculados, no significa que no sea responsable. Es decir, tiene como tarea, dadas las evidencias presentadas, gestionar lo necesario para poner freno a estas omisiones o acciones dolosas.

No se debe perder de vista que la vacuna en estos momentos es un bien preciado y codiciado, pues se va la salud y la vida en ello. Por lo que son enormes los incentivos perversos para caer en la tentación de vender el producto por parte de quienes vacunan.

Y en ese sentido, es primordial que las autoridades asuman  la responsabilidad de informar sobre cada fase y elemento de la campaña y procesos de vacunación, y que también exista un sistema que dé recepción, cabida, seguimiento y respuesta a posibles denuncias al respecto de dichos procesos y en general de todos los componentes de la campaña de vacunación. De lo contrario, la incertidumbre que bien podría minimizarse solo se acrecentará. 

En el mismo sentido, se debería seguir la secuencia lógica de inoculación primeramente planteada, primero todo el personal de salud (público y privado), después todas las personas de la tercera edad, luego a toda la población con cierta pre condición médica urgente, posteriormente a todo el personal de servicios básicos (basura, agua, etcétera), seguridad. Además de ello, empezar/continuar en los lugares con mayor población, es decir, con base en la probabilidad de contagio y no de acuerdo a otros criterios demográficos o políticos.

No ayuda nada negar lo que está sucediendo. Lo que debe garantizarse es que no ocurran incidentes fuera de lo programado. Es un buen momento para pedir apoyo a la población que asiste, para que ellos mismos documenten —al estar en casi todos los casos acompañados por un familiar— que las inyecciones no vaya vacías.

Además de lo anterior, se debe olvidar el discurso triunfalista gubernamental y ciertamente el que contiene tintes político electorales. La inoculación ha sido por demás lenta y no ha alcanzado el 1% de la población por cuanto a cuadros completos de inoculación se refiere. Ese es un dato incontrovertible.

Por Verónica Malo
veronicamaloguzman@gmail.com

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