La desvergüenza

Cuando Jorge Carpizo publicó El Presidencialismo Mexicano en 1978, México vivía una de las etapas más elocuentes de la preponderancia del Poder Ejecutivo en la toma de decisiones

La desvergüenza
Arturo Sánchez Gutiérrez / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Cuando Jorge Carpizo publicó El Presidencialismo Mexicano en 1978, México vivía una de las etapas más elocuentes de la preponderancia del Poder Ejecutivo en la toma de decisiones. Era la época de un solo partido hegemónico, ganador en casi todas las elecciones, un Congreso básicamente dócil a la voluntad presidencial, incluso después de la reforma electoral de 1977, y un Poder Judicial al que ni siquiera llegaban casos complejos de controversias constitucionales y mantenía su alineación con la línea presidencial.

Hoy, 43 años de aquella gran obra, México cambió para bien de nuestra democracia y se transformaron las formas de hacer política, gracias a la creación de instituciones; de leyes que acotan el poder presidencial; de la ampliación de los derechos ciudadanos; y por la irrupción de la sociedad civil en el diseño y construcción de muchas políticas públicas. Este fue un proceso democratizador, con importantes faltantes e imperfecciones, pero con dirección. López Obrador, en los hechos, busca hacer caso omiso de la evolución democrática de México, añora el presidencialismo que describió Carpizo al final de los años setenta y parece desesperado por encontrar a los cómplices idóneos que lo ayuden en su proyecto.

Por lo pronto, las cámaras del Congreso de la Unión obedecen ciega y vergonzantemente la sentencia presidencial: “no cambien ni una coma”. Por su parte, MORENA perdió todo pudor, capacidad de diálogo y negociación y las voces disidentes se rinden ante la voluntad presidencial. Finalmente, pensar que sin el ministro Arturo Zaldívar la reforma al Poder Judicial legal no podría prosperar y así justificar la extensión de su presidencia, sólo describe la cortedad de miras del proyecto o la imperfección de la Ley para guiar la operación de los cambios. Es más, el presidente afirma que la reforma urge para evitar los “amparos rápidos” que se otorgan empresas afectadas por las leyes.

La desvergüenza presidencial se adereza con las mentiras cotidianas en las mañaneras, la burla constante a la ley con su intervención en el proceso electoral, la crítica a los jueces que fallan contra sus proyectos, y el descrédito a los medios de comunicación y a sus críticos. El Presidente insiste en hacer campaña y con ello solo muestra la desesperación por darle a su partido lo que Morena no puede proveer: un liderazgo alternativo al del Presidente. En sus spots Mario Delgado vincula su campaña con “ya sabes quién”; Morena insiste en ofender a quienes pagamos impuestos haciendo creer que las vacunas son un logro de ellos; y todos ellos denostan al INE por aplicar la ley y amenazan con juicios políticos a los consejeros. La diferencia con el presidencialismo de antes es que hoy se perdió la vergüenza para imponer decisiones violatorias de la Constitución, sin escuchar o al menos dialogar. Día tras día, en los 44 días que faltan para la jornada electoral el ambiente podría enrarecerse más, pero al fin del día la ciudadanía votará. Nos veremos en las urnas.

Por ARTURO SÁNCHEZ GUTIÉRREZ
PROFESOR INVESTIGADOR TEC MONTERREY
@ARTUROSANCHEZG

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