¿A quién vacunar?

La estrategia elaborada en México no tiene nada que ver con un razonamiento científico

¿A quién vacunar?
Ezra Shabot / Línea Directa / Opinión El Heraldo de México

La lucha por obtener y aplicar las vacunas contra el coronavirus ha sido una tarea desigual y propia de aquellos estados poseedores de recursos e iniciativa para producirlas y después aplicarlas lo más rápido posible y así detener la muerte masiva de sus habitantes. El populismo trumpista estuvo a punto de mandar a los Estados Unidos a los lugares destinados a aquellos países sin dinero ni capacidad organizativa para detener la proliferación del virus.

Una vez superados estos escollos, tanto el gobierno de Biden, como la gran mayoría de los estados de la Unión Europea e Israel, obtuvieron las vacunas a pesar de las disputas con los laboratorios contratados, y comenzaron el proceso de inoculación bajo la lógica de un modelo científico en donde el principio fundamental fue cubrir a los más vulnerables, o sea a aquellas personas que la enfermedad los podía llevar a la muerte.

En este sentido la línea de acción fue clara. Mayores de 60 o 65 años, personas con comorbilidades como  cáncer, diabetes, hipertensión arterial, asma u otras enfermedades cuya asociación con el COVID puede producir la muerte, así como absolutamente todo el personal del sector salud, tenían que ser vacunados de forma inmediata para después proceder con el resto de la población.

La estrategia elaborada en México no tiene nada que ver con un razonamiento científico. Vacunar únicamente a adultos mayores de 60 años, operadores políticos asignados a los puestos de vacunación, para luego atender a los maestros, responde a una intención eminentemente electoral.

Al no considerar a las personas con comorbilidades, ni a médicos del sector privado que incluye no sólo a los que trabajan en hospitales particulares, sino a los que atienden en farmacias y dispensarios entre otros, para enfilar la siguiente ronda de vacunación a los maestros, se pone en riesgo a los más propensos a contagiarse y eventualmente a morir como consecuencia de su debilidad inmunológica y su contacto cotidiano con pacientes de todo tipo.

Al vacunar al magisterio como gremio, se pretende utilizar su capacidad movilizadora para las próximas elecciones de junio. Difícilmente para esa fecha una buena parte de la población estará protegida contra el virus, y el cálculo gubernamental es asignar vacunas en función de su efectividad electoral.

Mientras tanto el personal médico, así como los pacientes que sufren de una enfermedad crónica, tendrán que esperar a que el gobierno de la 4T termine su lento proceso de inoculación a sus clientes electorales para poder ser vacunados y así evitar una muerte casi segura. La irresponsabilidad de los hombres del poder no tiene límites, ni dique de contención que los detenga.

Por EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

avh 


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