Dolo, simulación, mentira, soberbia…

La historia de Félix Salgado Macedonio estaba vestida de embuste, engaño, trampa, dolo, falsedad, prepotencia...

Dolo, simulación, mentira, soberbia…
Martha Anaya / Alhajero / Opinión El Heraldo de México

El tema de fondo no son los 19 mil 872 pesos no reportados por Félix Salgado Macedonio. En lo absoluto. Reducir el tema del guerrerense a eso –tal y como lo hace Mario Delgado– es ridículo, tramposo y malintencionado.

Lo que realmente hay detrás –y en el fondo– de la actitud del guerrerense: su soberbia y su prepotencia. Lo que de verdad manifiesta su actuar –negando primero que hubiera sido precandidato y buscando luego engañar a las autoridades electorales– es dolo.

A Salgado Macedonio le ocurre algo semejante a lo que pasó con Clara Luz Flores en Nuevo León: mintió. Cada uno por razones distintas y ante hechos diferentes. Pero mintieron. Y ese es el meollo del asunto.

Tan dados que son los de la 4T a la Cartilla Moral y a sus preceptos bandera: no mentir, no engañar... Y a la hora de la hora, cuando los pescan en la movida, intentan tergiversar los hechos y esconderlos bajo la alfombra.

Eso es lo que han hecho –lo han intentado, al menos– en el caso de Félix. Y la guía viene desde Palacio Nacional hasta la explanada del Instituto Nacional Electoral, donde se han instalado el presidente de Morena y sus huestes.

El proyecto de dictamen de la Unidad Técnica de Fiscalización del INE, proponiendo la cancelación del registro como candidato a gobernador de Guerrero a Salgado Macedonio, tocaba precisamente el fondo del asunto: el dolo, el engaño.

Salió a colación, incluso, un supuesto informe de gastos de precampaña –llevado esta semana al INE– que El Toro habría entregado a Morena el 19 de enero; pero que no fue ni entregado, ni mostrado por Félix ni por representantes de su partido, en febrero o marzo, cuando inició el proceso para retirarle su candidatura.

La conducta del aspirante –apuntaba el texto que circulaba al escribir esta columna– es “consistente en la fabricación de pruebas por parte de los sujetos obligados, para intentar engañar a la autoridad electoral con la intención de evadir la responsabilidad por la omisión en que se incurrió”.

De hecho, narran que no hubo voluntad o disponibilidad de Salgado Macedonio a presentar su informe de gastos de precampaña pues, cuando se le notificó su omisión (el 24 de febrero), respondió que no entregaría nada porque no fue precandidato. El texto asentaba entonces al respecto: “Resulta incuestionable que el sujeto desplegó una conducta dolosa al no presentar el informe de precampaña, a sabiendas que la misma era ilegal, con la intención de aparentar una situación que no es real, tratando de engañar a la autoridad administrativa electoral con el propósito de lograr un beneficio”.

En suma –más allá del fallo del INE–, queda claro que la historia del guerrerense estaba vestida de mentiras, engaño, simulación, dolo, soberbia, prepotencia... 

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Por MARTHA ANAYA
MARTHAMERCEDESA@GMAIL.COM
@MARTHAANAYA

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