COLUMNA INVITADA

En defensa de la política

El proceso electoral que estamos viviendo en México está hasta tal punto crispado que el ¡Que se vayan todos!, o el ¡Todos son iguales!, se escuchan con harta frecuencia

OPINIÓN

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Cecilia Romero/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

No es políticamente correcto hablar bien de la política.  Lo de hoy es denostar todo lo que tenga que ver con ella.  Lo popular es rechazar su utilidad, ya no digamos su bondad.  La política es la causante de los males de nuestros días, por la política estamos como estamos.  ¡Que se vayan todos! 

Y qué decir de los políticos.  Su único objetivo es enriquecerse, gozar de las mieles del poder, obtener beneficios para ellos y sus allegados.  La ‘clase política’ es, en el imaginario colectivo del México de hoy, enemiga de los ciudadanos honrados y trabajadores.  ¡Que se vayan todos! 

Lo peor son los partidos políticos.  Se dice que solo están para medrar a costa del presupuesto público, que favorecen a sus incondicionales, que no reportan utilidad alguna al ejercicio democrático, que son una carga para el erario…  ¡Que se vaya todos!

El proceso electoral que estamos viviendo en México está hasta tal punto crispado que el ¡Que se vayan todos!, o el ¡Todos son iguales!, se escuchan con harta frecuencia.  Malos augurios rumbo al 6 de junio.  

Es verdad que lo que se expresa de la política, los políticos, los partidos, tiene sustento en las acciones u omisiones de quienes conducen los procesos y gobiernan las instituciones.  El descrédito está bien merecido.  Sin embargo, es solo una cara de la moneda.   

Hace unos días, un maestro en la Universidad, hablando sobre esto, decía que todos los políticos - corruptos y deshonestos - pasaron por las aulas, por sus manos, recibieron sus clases, y que eso debía llamarnos a la reflexión.  Los políticos no son habitantes de un mundo distante, además de las aulas universitarias, crecieron en una familia, vivieron en un vecindario, acudieron a una iglesia, convivieron con amigos y compañeros.  Los políticos surgen de la misma sociedad de la que emergen los artistas, los empresarios, los profesionistas, los sacerdotes, los deportistas…

No cabe duda de que cada uno es responsable final de sus actos.  A nadie debemos achacar nuestros errores, ni nuestros aciertos.  También es verdad que mientras más poder se tiene, mayor responsabilidad se debe asumir, pero no cabe duda de que la familia y la sociedad juegan un papel definitorio en la formación de los hombres y mujeres que llegan a ocupar posiciones de poder.  

Por otro lado, es importante que tengamos la capacidad de mirar el desempeño de políticos y de partidos que entienden el alto valor de la política, que la practican con valor y generosidad, que conciben el ejercicio público como una posibilidad de servir, que se esfuerzan por armonizar los diferentes puntos de vista de la sociedad, y que gobiernan con buenos resultados en beneficio de sus gobernados.

Necesitamos todos huir de ‘intolerancias fundamentalistas’, ‘difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz’, y recordar siempre que ‘el diálogo persistente y corajudo no es noticia como los desencuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir mejor’.  Estas expresiones de ‘Fratelli Tutti’ nos recuerdan que la buena política es posible, que es la respuesta a las interrogantes actuales, y que es imperativo asumir con determinación la parte que nos corresponde para sortear con éxito la tormenta.

POR CECILIA ROMERO
COLABORADORA
@CECILIAROMEROC

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