El logo, el mamut y Felipe

Las cosas se hacen al aventón, todo se resuelve con base en ocurrencias y justificaciones banales

El logo, el mamut y Felipe
Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

Hace unos días se coló en redes sociales lo que al parecer será el logo del Aeropuerto Internacional Felipe Calderón. Perdón, quise decir, del Aeropuerto Felipe Ángeles… Y es que yo también me fui con la finta de los mapas de Google, plataforma donde, como si se tratara de una broma de mal gusto para hacer enfurecer al presidente López Obrador, dicho espacio aeroportuario apareció por unas horas señalizado con el nombre de su némesis. 

Más allá de la chacota, el logo del AIFA es sintomático de muchos de los problemas típicos que caracterizan a la 4T.

Para empezar, la opacidad. No se supo de concurso o licitación alguna para el diseño del logo. Al grado que al momento que esto escribo aún no se conoce quién es el autor del mismo, ni cómo se eligió.

Ahora bien, como en gustos se rompen géneros, mientras la mayoría de la población mexicana piensa que el logo es ramplón y sin chiste, una escuela de diseño internacional busca al autor para ofrecerle una beca para cursar la licenciatura con ellos. ¿O se tratará de una indirecta para decirle al diseñador en cuestión que necesita mejorar su preparación? 

En la misma tesitura podemos encontrar la deplorable defensa del logo. ¿Por qué tenía que informar Pablo Sandoval, hermano de la secretaria de la Función Pública, acerca del costo que erogó el gobierno para su realización? Mismo siendo un connotado morenista –y que habría resultado ser mejor candidato al gobierno de Guerrero que Félix Salgado–, él no debiera ser el portavoz de dicha información.

Sandoval dijo que salió “barato”, ya que sólo había costado tres mil pesos. Lo cual ahonda el hecho de que las licitaciones están de adorno, los concursos ya no se usan y que lo barato sale caro en esta administración federal. 

El asunto del logo también muestra el nulo entendimiento que tiene la 4T de la historia y de la ciencia, pues la silueta del mamut que forma parte del logo se parece más al elefante blanco que está resultando ser dicho aeropuerto, que a los mamíferos que habitaban esos parajes en tiempos remotos. 

Pero hay más. Algunos usuarios de redes demostraron cómo el logo es una integración de formas predeterminadas que se consiguen gratuitamente en internet.

Una lástima el logo resultante, entonces, máxime cuando nuestro país es considerado innovador en diseño de imagen. Basta recordar los diseños de las Olimpiadas de 68 que rompieron paradigmas. O el diseño para los mundiales de futbol de 70 y de 86, los cuales unieron de forma sencilla y atractiva el significado del evento y ciertos elementos nacionales. En el de 86, el logo marcó tendencia en la señalética del evento al incorporar una serie de grecas mayas estilizadas.

Tan es así que, a partir de la presentación del logo del AIFA, la creatividad en las redes sociales no se hizo esperar. 

La realización del logo, sin el conocimiento de la ciudadanía, sin concurso de por medio y con un resultado francamente cuestionable, es síntesis de lo que sucede en esta administración. Las cosas se hacen al aventón, todo se resuelve con base en ocurrencias, copias y justificaciones banales, relegando lo verdaderamente importante a segundo plano.

POR VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

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