El futuro de la descomposición social

Tampoco ayuda menospreciar las luchas de las mujeres durante tantos años para lograr la tipificación del feminicidio como un delito

El futuro de la descomposición social
Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

Tiene razón López Obrador al decir que debe revertirse la descomposición social que experimenta el país. Con más de 75 mil muertes en estos dos años y meses de gobierno producto del crimen, la incomprensión de las verdaderas causas de lo que está ocurriendo da como resultado políticas públicas que no atacan la raíz de la violencia en México.

Poco o nada se logra si, para frenar la descomposición social y disminuir el número de muertos, desaparecidos y fosas clandestinas, se sigue culpando al pasado. Tampoco ayuda menospreciar las luchas de las mujeres durante tantos años para lograr la tipificación del feminicidio como un delito.

El mensaje a la población es nocivo cuando el aparente culpable de las corruptelas, cochupos y desvíos de dinero por parte de Pemex, a través de la empresa Odebrecht, sigue libre, y el que se va a la cárcel preventiva es uno de los tantos que al parecer recibió sobornos de quien hoy está en libertad. Hay algo errado en el mensaje, el cual parece decir: “puedes corromper que, mientras pactes con el gobierno en turno, no te pasará nada.”

La mala enseñanza continúa cuando se mantiene a Rosario Robles en la cárcel no por la ‘estafa maestra’, sino porque su licencia de conducir no concordó con la dirección de su domicilio. Es un secreto a voces: el proceso que se sigue es más una venganza personal del juez que dictó sentencia (sobrino de Dolores Padierna, esposa de René Bejarano) que un acto de justicia.

Las incongruencias continúan: pedir “abrazos y no balazos” para sicarios que no entienden de humanidad y sólo se dedican a secuestrar, asesinar y descuartizar a sus semejantes. Pero se agudiza en otros rubros también. Cuando a los que trabajan se les exige pagar todo tipo de impuestos más obligaciones y, en cambio, no hay incentivos para que las personas que no trabajan —ciertamente no en el sector formal— comiencen a hacerlo. Se dan más apoyos para mantenerse al margen de la productividad, y los que se supone son para impulsar el trabajo están tan mal diseñados, que solo han logrado extensas zonas de erosión (‘Sembrando vidas’) y un sinnúmero de transas (‘Jóvenes construyendo el futuro'), donde la constante son las triquiñuelas de quienes buscan integrarse al programa.

Los absurdos continúan cuando el gobierno se enfurece de que la ASF reportó en la Cuenta Pública 2019 que el costo de haber cancelado el NAIM fue dos veces superior a lo real, pero nadie dice nada de que se perdieron 100 mil millones de pesos por su cancelación. Pagamos esa ingente cantidad de dinero, además de lo ya perdido en la obra, para quedarnos con nada. Para dimensionar el tamaño de la pérdida, se trata de una lotería donde 100 mil habitantes hubieran recibido cada uno un millón de pesos; definitivamente mejor que la rifa / no rifa del avión.

Así, los ejemplos se extienden y la constante marca que para este gobierno, que se jacta de promover la honestidad y la moral, al momento de buscar lograr dicho objetivo, hace todo lo contrario. Es momento para cambiar de rumbo. El discurso debe ir acompañado a partir de ahora de acciones y políticas públicas congruentes entre lo que se dice y lo que se hace. Mientras ello no ocurra, la descomposición social solo se ahondará.

Por VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

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