La oposición

Su disolución fue avanzando paulatinamente hasta obligar a los viejos partidos políticos y sus restos a coaligarse para encarar a la 4T

La oposición
Ezra Shabot / Línea Directa / Opinión El Heraldo de México

El amplio triunfo obtenido por Andrés Manuel López Obrador, el Movimiento Regeneración Nacional y sus aliados, junto con la sobrerrepresentación manipulada en la Cámara de Diputados en 2018, le permitió a la Cuarta Transformación echar a andar no solamente una agenda legislativa sin contención alguna, sino que además sentó las bases para la reconfiguración del sistema político mexicano en un salto mortal hacia el pasado.

Y junto con el proceso de reconstrucción del partido de Estado (Morena), la disolución de la oposición política fue avanzando paulatinamente hasta obligar a los viejos partidos políticos y sus restos a coaligarse para intentar detener la consolidación del nuevo presidencialismo absoluto.

Lo que en 1997 era la estratégica alianza Partido Acción Nacional-Partido de la Revolución Democrática para vencer la hegemonía priista, es hoy esta coalición entre panistas, priistas y perredistas la que intenta contener la avalancha morenista sostenida con carretadas de dinero en programas sociales que, al viejo estilo tricolor, vinculan la ayuda con el indispensable voto en favor de quien la otorga.

La presión ejercida durante largo tiempo por la oposición antipriista para desconectar la política social de la electoral, concluyó con la construcción del modelo Progresa-Oportunidades-Prospera, el cual dejó de servir en la mayoría de las entidades como una palanca impulsora del voto hacia uno u otro gobierno establecido.

La desaparición de esta estructura y su reemplazo por los Servidores de la Nación y otros mecanismos similares, representó un enorme brinco al pasado de la compra y subordinación del voto, a la coacción y condicionamiento de la voluntad popular, y a la entrega de dinero en efectivo que corrompe al necesitado, pues ademas lo mantiene permanentemente en su estado de pobreza.

Ver al Partido Revolucionario Institucional ondeando la bandera de la denuncia contra el clientelismo político suena a cinismo puro.

Pero la desesperación ante la muy posible reedición de un priismo morenista con los excesos propios de un presidencialismo sin contrapeso alguno, más que la presión de los mercados internacionales, hacen del frente PAN-PRI-PRD, el último dique de contención ante lo que puede ser la reedición de la aplanadora priista en la elección intermedia del 6 de junio.

El reparto de dinero, la campaña electoral armada desde las conferencias mañaneras, y las medidas populistas como el anuncio de los aumentos a las pensiones sin saber de dónde se obtendrán los recursos para ello, son factores que, junto con la popularidad del Presidente de la República, pueden facilitar un triunfo de lo que puede ser el inicio de una democracia restrictiva y sumamente limitada para nuestro país.

Después habrá que ver con qué dinero se paga todo esto, quien lo va a costear, y si el país aguanta esta aventura en el túnel del tiempo.

Por EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

rcb


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