MALOS MODOS

La extrema derecha e Internet

Más allá de chistes sobre la estupidez que se fue y reflexiones sobre cómo los Estados Unidos superaron (ojalá) la noche negra del trumpismo, ese periodo provocará análisis y testimonios lúcidos e informados sobre su naturaleza infame y su orígenes

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México. Foto: Especial

Más allá de chistes sobre la estupidez que se fue y reflexiones sobre cómo los Estados Unidos superaron (ojalá) la noche negra del trumpismo, ese periodo provocará análisis y testimonios lúcidos e informados sobre su naturaleza infame y su orígenes. Análisis y testimonios que, sí, más nos vale conocer a todos, en estos tiempos de autoritarismo populachero.

De hecho, ya ha dejado unos cuantos. Comenté aquí antes Rabia, el libro de Bob Woodward sobre Trump, un retrato del populista contemporáneo en sus propias palabras, a partir de17 entrevistas. Me encuentro ahora con Antisocial (Capitán Swing, 2021), de Andrew Marantz, que es al mismo tiempo un retrato así, en primera persona, de muchos de los activistas importantes del movimiento trumpiano, y un desmenuzamiento del papel que jugó Internet, particularmente las redes y los llamados “medios alternativos”, en su ascenso al poder.

Con el subtítulo La extrema derecha y la “libertad de expresión” en Internet, el libro es un ejercicio impecable de atención a las fuentes, constatación de datos y búsqueda de testimonios. Y vaya testimonios. Antisocial es un desfile de raros en dos grades categorías. Primero, la de los radicales de la periferia lunática gringa, ese popurrí de neonazis y supremacistas blancos de diversa naturaleza, cínicos dispuestos a hacer fortuna con la viralización de noticias falsas y teorías de la conspiración, fascinerosos como los Proud Boys, ese ya famoso grupo de choque con el insufrible hipster Gavin McIness a la cabeza, e incluso ex activistas de izquierda afines a Bernie Sanders. La segunda es la de los nerds de Silicon Valley, responsables conceptuales y tecnológicos, sin quererlo, por mero afán de negocios, de construir esa vorágine propagandística radical, la de la viralización de informaciones falsas, sin la que no puede entenderse una victoria como la que tuvo el Agente Naranja en 2016.

Asimismo, Antisocial es un ejercicio de periodismo de vieja escuela, ese periodismo propio de un escritor de staff del New Yorker como Marantz, que tiene una doble naturaleza muy oportuna: con 36 años, es lo bastante joven para entender el fenómeno de la información basura, pero lo bastante maduro para entender, sin idealizar, el valor de los medios tradicionales. Es decir, un ejercicio cuya naturaleza es justo la opuesta de la naturaleza radicalmente fake que invade, distingue incluso, a las redes.

Antisocial deja en la boca el sabor de la inquietud, por no decir que de la preocupación sin cortapisas. A fin de cuentas, es la crónica de un par de cambios radicales, uno político y uno mediático, cargados de peligros. Es lo que pasa con el periodismo verdadero, el buen periodismo: no apuesta a la satisfacción inmediata y acrítica. Marantz nos ayuda a recordar que justo por eso es un gusto leerlo.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
@JULIOPATAN09