Romo sin Romo

El nuevo subsecretario de Economía, Héctor Guerrero, debe tomar en serio la separación entre el poder económico y el poder político

Romo sin Romo
Hernán Gómez Bruera / Fuera de Tono / Opinión El Heraldo de México

Un perfil sin visión de política pública y directamente ligado a ciertos intereses empresariales —principalmente a la industria lechera y el outsourcing— se ocupará ahora de la Subsecretaría de Industria, Comercio y Competitividad de la Secretaría de Economía: Héctor Guerrero Herrera.

Su nombramiento genera extrañeza porque en su curriculum no se encuentran elementos que lo califiquen para dirigir la política industrial del país ni conocimiento sobre desarrollo económico. Sabemos, sin embargo, que este gobierno no siempre ha privilegiado el conocimiento y la experiencia.

Lo extraño es que tampoco parece haber ahí un elemento de lealtad, a juzgar por la estrecha relación de este personaje con Eduardo Tricio, uno de esos empresarios que financiaron las campañas sucias contra AMLO y probablemente hoy acompañe esfuerzos opositores.

La única experiencia de Héctor Guerrero en el sector público ha sido como subjefe de Enlace de Vinculación con la Iniciativa Privada de la Presidencia, donde fungió como el principal operador de Alfonso Romo, quien tuvo que dejar el gobierno porque sus conflictos de interés —ya abordados en esta columna— eran una bomba de tiempo.

Con este nombramiento, pareciera que los intereses de Romo están asegurados. Quizás han encontrado la mejor manera de perdurar.

Dentro del gabinete, Guerrero es conocido por actuar como un cabildero de intereses específicos —a veces usando el nombre del Presidente—, al oponerse, como lo hizo Romo, al etiquetado frontal de advertencia, a limitar el uso de agroquímicos como el glifosato o al buscar reestablecer aranceles al acero para proteger ciertas industrias.

No sabemos cuál es hoy la agenda que Guerrero buscará promover en la Secretaría de Economía. Sin embargo, su trabajo deberá ser examinado con lupa para evitar potenciales conflictos de interés.

Durante 17 años, por ejemplo, Guerrero fue director de Envases Elopak, una filial de Grupo Lala, y desde entonces se ha mantenido como consultor y asesor externo. Sabemos que ese corporativo no ha sido precisamente favorecido bajo esta administración. No solamente porque perdió el monopolio en la venta de leche al gobierno. También por la Norma Oficial Mexicana 223 que impide comercializar como queso y yogurt natural productos que no lo son. Sería muy sospechoso que hoy se pretenda mover siquiera una coma a esa norma.

Lo mismo se puede decir acerca de la NOM 051, el famoso etiquetado frontal de advertencia. Sería lamentable que Guerrero intente modificar, detener o retrasar la aplicación de un instrumento tan importante para promover la salud en un país de obesos, como trató de hacerlo en el pasado.

No es indebido que un perfil ligado al mundo empresarial ocupe un puesto público, siempre que aprenda a separar intereses particulares del interés general, que entienda que su labor no es cabildear y que la necesidad de fomentar la inversión no puede hacerse a costa de violar la ley cuando algún particular le toque la puerta.  Si Guerrero no alcanza a entenderlo, comprometará la tan cacareada separación entre el poder económico y el poder político que tanto anuncia la 4T.

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM
@HERNANGOMEZB

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